CRIMENES DE LESA HUMANIDAD 17 y 18 de noviembre de 2012

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Ponencia leída por el Comité Hasta Encontrarlos enla comunidad Río Florido, Chiapas. Segundo Encuentro de Personalidades y Organizaciones que Luchan contra el Capitalismo y el Neoliberalismo.

Las prácticas más aberrantes que se han cometido en contra de la humanidad, solo pudieron tener un origen; la ambición de poder y control económico, político, social y territorial de los gobiernos burgueses sobre los más pobres y explotados.

Prácticas inhumanas a las que han recurrido los diferentes Estados capitalistas para instaurar un estado de terror y sometimiento en diferentes pueblos del mundo.
Practicas criminales que han empleado las clases en el poder para someter, conquistar, explotar, reprimir, controlar, causar terror, desplazar, etc.

Solo en las mentes más perversas pudieron tener cabida la maquinación de prácticas tan terribles, como la desaparición forzada (que tiene en Hitler a su creador), el apartheid, el genocidio y muchas otras violaciones a los derechos humanos, que por su gravedad, han sido denominados por el derecho internacional como crímenes de lesa humanidad.

Estas violaciones graves a los derechos humanos se vienen cometiendo desde hace siglos en contra de poblaciones enteras en todo el mundo, muchas de ellas, nunca fueron castigadas y permanecen hasta nuestros días en la total impunidad.

Estas graves violaciones fueron nombradas como crímenes de lesa humanidad o crímenes contra la humanidad, por su aberrante naturaleza, es decir porque ofenden, agravian, injurian a la humanidad en su conjunto. Es decir que no sólo dañan a la persona o victima directa sino que afecta y lesiona a la especie humana como tal.

El origen jurídico de esta se tiene en el Tribunal internacional de Núremberg, en Alemania ( 1945-1946), en donde se juzgaron a los criminales nazis de la segunda guerra mundial, sin embargo en un inicio estos crímenes solo fueron restringidos a violaciones cometidas durante la guerra o en relación con ella y fue hasta años después que la ONU amplio estos crímenes sin limitarlos solamente al ámbito de guerra.

Entre los crímenes de lesa humanidad se encuentran; el asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado forzoso de población, encarcelación u otra privación grave de la libertad, tortura, violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de gravedad comparable, persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género, desaparición forzada de personas, crimen de apartheid. Y otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental.

Los Crímenes de Lesa Humanidad se diferencian de otros crímenes principalmente porque reúnen cuatro características:

1. Son actos GENERALIZADOS.

2. Son actos SISTEMATICOS.

3. Son perpetrados por las autoridades de un Estado o por particulares que actúan por instigación de dichas autoridades o con su tolerancia, ayuda o complicidad.

4. Están dirigidos contra la población civil por motivos sociales, políticos, económicos, raciales, religiosos o culturales.

Cuando se habla que son GENERALIZADOS se quiere destacar que se trata de crímenes que se cometen contra una gran cantidad de víctimas, ya sea por la cantidad de crímenes o por un crimen con muchas víctimas. Cuando se dice SISTEMATICOS, se quiere decir que son crímenes que se realizan con arreglo a un plan o política preconcebida que permite la realización repetida o continuada de dichos actos inhumanos. Es indispensable tomar en cuenta que el sujeto activo del crimen sea bien un agente estatal o particular que trabaja para el Estado o que actúa con su apoyo, anuencia o tolerancia, lo que llamamos grupos paramilitares.

Finalmente es determinante la motivación del crimen, ya que es este elemento el que permite comprender el sentido mismo del Crimen de Lesa Humanidad, al enmarcarlo dentro de un contexto social, político, económico y cultural determinado.

Así con dichas características se puede diferenciar a los crímenes que constituyen una violación de los derechos humanos y de un crimen de lesa humanidad. Que como vemos con lleva una mayor gravedad y responsabilidad de los Estados.

En nuestro país como en muchos otros países de América Latina los crímenes de lesa humanidad se han venido desarrollando de manera constante bajo un manto de total impunidad, pues en la mayoría de los casos, los miles de crímenes que se han cometido en contra del pueblo han permanecido sin castigo alguno, aun cuando los Estados se han comprometido a respetar el derecho internacional.

Una de las prácticas más aberrantes que ha sido implementada en diversos países en el mundo y que ha causado terribles efectos es, la desaparición forzada de personas, crimen que ha sido catalogado por el derecho internacional como crimen de lesa humanidad. La desaparición forzada se instauraría como una práctica sistemática y como una política de Estado, con la finalidad de combatir a los luchadores sociales, personas críticas y disidentes del sistema.

En América Latina, ante el auge de las organizaciones guerrilleras durante las décadas de los sesenta y setenta, Francia y Estados Unidos implementaron los modelos de la lucha antisubversiva o contrainsurgente la cual implicaba, entre otras cosas, el ejercicio sistemático de la tortura, la ejecución extrajudicial y la desaparición forzada por parte de las fuerzas de seguridad contra los movimientos populares y armados. El primer país en aplicar estos métodos fue Guatemala, seguido de México.

A partir de 1964, en México con el surgimiento del primer brote guerrillero en el estado de Chihuahua, comenzó a aplicarse la doctrina contrainsurgente. De esta manera, dio inicio a un periodo caracterizado por las violaciones masivas a los derechos humanos, al cual se le conoce como la “guerra sucia”. En donde las primeras desapariciones forzadas conocidas se llevaron a cabo dentro de los movimientos campesino y estudiantil, a partir del año de 1968. Pero fue en Atoyac de Álvarez, Guerrero en donde más de 1200 personas fueron detenidas desaparecidas acusadas de pertenecer y apoyar a la guerrilla de Lucio Cabañas.

Desde entonces hasta hoy, la práctica de la desaparición forzada de personas se ha venido incrementando, adquiriendo nuevas características.

Así mismo, en diferentes partes del país, como lo es la huasteca hidalguense, en los años ochentas y noventas se desato una política represiva en contra del movimiento popular independiente, que luchaba por la demanda de la tenencia de la tierra, la presentación con vida de los desaparecidos y los presos políticos. Esta política trajo consigo asesinatos y desapariciones forzadas de campesinos, hecho que sigue existiendo hasta nuestros días en diversos estados del país.

La estrategia represiva del estado mexicano ha cometido miles de violaciones a los derechos humanos que constituyen crímenes de lesa humanidad, entre ellos; ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas. En este sexenio gobernado por Felipe Calderón y con la puesta en marcha de una supuesta guerra en contra de la delincuencia organizada y el narcotráfico más de 100 mil personas han sido asesinadas y más de 40 mil han sido desaparecidas, sin que exista el castigo a los responsables de cometer estos crímenes que han adquirido magnitudes insospechadas.

Esta situación ha hecho que miembros de la sociedad mexicana hayan demandado a Felipe Calderón ante la Corte Penal Internacional el pasado 25 de noviembre del 2011 por crímenes de lesa humanidad, y que implica también a sus secretarios de Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván; de Marina, Mariano Saynez Mendoza, y de Seguridad Pública, Genaro García Luna , acto que continua y que está a la espera de resolución.

Desde que el gobierno de Calderón lanzo esta guerra, desde el norte hasta el sur de nuestro país, miles de personas han sido asesinadas por elementos de las fuerzas armadas, y grupos paramilitares, tantas que el gobierno mexicano ha preferido mejor callar y no brindar la verdadera cifra de los miles y miles de asesinados que ha dejado su absurda guerra, a los cuales hay que sumar los más de 24 mil 102 personas se encuentran en fosas comunes , que no han podido ser reconocidas por sus familiares, y los desplazados por la violencia. Pueblos enteros han quedado vacíos. Cientos de ejidos y ranchos abandonados. En noviembre del año pasado se contabilizaba que un millón 600 mil personas abandonaron sus casas sobre todo en Chihuahua, Tamaulipas, Sinaloa, Coahuila, Durango, Baja California, Nuevo León, Michoacán, Guerrero y Veracruz, según un estudio de Fidel López García, académico consultor de la ONU para desplazados.

Además de lo anterior, el gobierno se ha negado sistemáticamente a hablar de otra realidad: los desaparecidos. ¿Cuántas personas han desaparecido en los últimos seis años en México? No hay cifras oficiales. Sin embargo, se habla de más de 40 mil desaparecidos, y que esta cifra puede ascender a miles más, ya que muchos casos no han sido denunciados por el miedo, además de que existe una dificultad por parte de las organizaciones de derechos humanos para poder documentar los casos, que día a día se siguen cometiendo. Entre las desapariciones se encuentran jóvenes, trabajadores, profesionistas, personas humildes, que no pertenecen a una organización social o que tengan alguna actividad política, y que tienen como característica el haber sido desaparecidos en grupo. Estas características nos hablan de una nueva modalidad en esta práctica, que está siendo dirigida en contra de toda la población y que a su vez ha permitido que los casos de personas defensoras de derechos humanos y luchadores sociales que han sido detenidos desaparecidos por el Estado, queden invisibilizados ante la gravedad de los miles de casos que existen.

La magnitud de desapariciones forzadas en nuestro país nos habla del perfeccionamiento de esta práctica, que bajo el contexto de supuesta guerra contra el narco ha sido cometida por elementos de las fuerzas armadas y grupos paramilitares que actúan bajo el apoyo y consentimiento del estado para cometer estos crímenes y que de esta manera él no pueda ser responsabilizado directamente.

Las desapariciones forzadas hoy son justificadas por el estado, como parte de los “daños colaterales” de esta guerra, en donde todo acto que sucede es acuñado a la delincuencia organizada, como un “levantón” o ejecución ligado a la delincuencia, llegando incluso al límite de criminalizar a las víctimas, al ser señaladas como miembros de la delincuencia organizada, para tratar de justificar el hecho de desaparecerlos, o asesinarlos y así deslindarse de su responsabilidad de enjuiciar y castigar a los responsables.

Efectos de los crímenes de lesa humanidad.

Los crímenes de lesa humanidad forman parte de una política de estado, forman parte de la represión política, que siempre va más allá del caso individual y de lo que podríamos llamar el objetivo inmediato de la represión, es decir, va más allá de la eliminación física de la víctima en el homicidio político o en la desaparición forzada, de la desarticulación de un movimiento popular en la masacre, del exterminio colectivo de los excluidos en la limpieza social, etc. La represión política persigue, además, el propósito de tocar a cada miembro de la sociedad, de romper los esfuerzos de organización y solidaridad, mediante el terror, el amedrentamiento, el castigo ejemplarizante que deje en claro cuál es el orden que se necesita y no otro.

Como mencionamos anteriormente los crímenes de lesa humanidad no solo dañan a la victima directa, sino que buscan prolongar su efecto en la sociedad en su conjunto, así, no solo la familia y la victima sufren el dolor personal de una represión, sino que también aun nivel simbólico, el miedo, la angustia y el terror se difunde a cada miembro del grupo perseguido, a cada miembro de la sociedad en general, hasta convertirla en una víctima potencial. Este miedo se difunde en toda la población, y la gente se hace cada vez más desconfiada, muchas veces paralizada o imposibilitada para participar en actividades de su organización o comunidad. Es decir que la estrategia represiva, genera incluso un ambiente social que justifica la represión, la permite y apoya. Discursos como “lo merecen por ser delincuentes” “es necesario para lograr esta guerra”, “todos somos responsables de la situación” hacen que cada vez más se diluya la responsabilidad del Estado, se implante la impunidad y la población se convierta incluso en colaboradora.

Esta situación se hace cada vez más presente en nuestro país, en la que existe una polarización social, es decir una división entre aquellos que apoyan y justifican esta guerra que ha dejado miles de asesinados y desaparecidos y los que se manifiestan en contra y luchan por que esta guerra termine.

Así mismo, bajo este contexto de supuesta guerra contra el narco, diversas organizaciones populares y defensoras de derechos humanos han sido perseguidas y criminalizadas por hecho de organizarse y denunciar los miles de crímenes que ha cometido el gobierno mexicano, y por defender los derechos más fundamentales, en el último año más de 38 defensores de derechos humanos y luchadores sociales han sido detenidos desaparecidos, sin que hasta el momento los responsables hayan sido castigados, así como también se han cometido mas de 63 ejecuciones extrajudiciales en contra de defensores de derechos humanos. Lo que indica que aunado a la gravedad de las violaciones a los derechos humanos, también se ha desatado una política de intimidación y agresiones a luchadores sociales y defensores de derechos humanos, las cuales han sido invisibilidades ante el clima de violencia que persiste y también han sido involucradas con la delincuencia organizada, para justificar estos crímenes.

La magnitud de las violaciones a los derechos humanos que se han venido cometiendo en nuestro país, han adquirido las características que conllevan los crímenes de lesa humanidad, aun cuando el estado trata de minimizar el problema.
Tomando en cuenta lo anterior, podemos ver que las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado Mexicano, no son simplemente violaciones, sino que estos constituyen crímenes de lesa humanidad, pues forman parte de una política sistemática y generalizada, y en ello radica la negatividad del Estado a reconocer estos crímenes y a disfrazar las cifras de estos.

Los crímenes de lesa humanidad que el estado mexicano ha cometida en contra del pueblo mexicano, permanecen en la impunidad. Debido a la falta de voluntad política y a la protección de instancias Internacionales que deberían de sancionar y condenar estos crímenes.

Por tanto, la exigibilidad de justicia y la condena tiene que venir desde el pueblo, se deben redoblar los esfuerzos organizativos y de coordinación para poder llevar a la justicia a los criminales por cometer estos delitos de lesa humanidad.

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