Los efectos de la crisis económica en México en la presente coyuntura

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Ciudad de México a 22 de abril de 2020

A la opinión pública

Los efectos de la crisis económica capitalista en México, en la presente coyuntura persisten, y se manifiestan en las dificultades para la realización de las mercancías en los rubros agroalimentario, comercial, financiero ; y en el gasto público en materia de salud, que a la fecha socavan la cotidianidad de los miles de trabajadores, estos hechos expresan la cruda manifestación de la contradicción entre capital y trabajo en el país.

El curso de los acontecimientos traza con precisión los efectos que genera la crisis capitalista en la geografía mexicana, éste es un hecho económico concatenado que acaece en diferentes países del mundo, esto revela que las contradicciones en el régimen de producción, distribución e intercambio transita por terrenos accidentados sus consecuencias serán aún más adversas para las masas trabajadoras.

Las estimaciones de diversos organismos internaciones en materia económica vaticinan un escenario desalentador para la economía mundial, refieren que ésta tendrá una contracción del 3 por ciento o bien que 170 países su ingreso per cápita tendrá resultados negativos, lista en la que se contempla nuestro país, este panorama dilucida lo hondo y prolongado de la crisis, la cual incide de manera ineludible en la determinación de los planes para nuestro país, que desde luego, tienen su génesis en las definiciones oligarcas.

El Banco de México difundió que “inversionistas extranjeros” retiraron del país 166 mil 540 millones de pesos, este fenómeno expresa cómo la oligarquía protege sus intereses, es la respuesta del capital monopolista transnacional ante la vorágine que desencadena la crisis de superproducción de mercancías, más no la pandemia como muchos economistas burgueses intentan hacer creer.

Las crisis son recurrentes, son parte de la lógica del modo de producción capitalista, solo que éstas en la fase imperialista son voraces dado que el desarrollo de las fuerzas productivas se concentra y centraliza en el monopolio, por esto, las ganancias o pérdidas de la clase en el poder pasa forzosamente por medidas punitivas, violentas y la especulación financiera, que implica la destrucción de fuerzas productivas o la estrangulación del sector más débil de la burguesía.

Organismos financieros como el Fondo Monetario Internacional (FMI) entre otros afines a la oligarquía aseveran que grandes empresas se han detenido, además dictan más que soluciones de fondo al problema, suministran paliativos como fortalecer la política fiscal, la cual pasa irremediablemente por afectar los bolsillos proletarios y hacer más evidente la contradicción no antagónica entre los intereses de la pequeña burguesía y el Estado, indica además, que dichas medidas no están fuera de la lógica capitalista, por el contrario, profundizan los métodos de explotación y opresión.

Es un absurdo que las cámaras empresariales hablen de salario solidario que en teoría se fija entre empresarios y el Estado, pero este último es quien debe aportar un porcentaje de aquel, este artilugio revela cómo lentamente el eslabón débil de la burguesía y la pequeña burguesía ven amenazados su porvenir ante lo destructivo del vendaval de la crisis.

Las preocupaciones de la pequeña burguesía respecto a la situación económica que priva en el país es un acto cínico e hipócrita que intentan sustentarla con las preocupaciones de la clase trabajadora. Aducen desesperación de empresarios y trabajadores para argüir que “contribuirán” en la reactivación de la economía del país, cuando en esas expresiones ocultan su interés por especular y lucrar con las calamidades del pueblo.

Entre las declaraciones de los empresarios en la que intentan exponer su lado “humanitario” refirieron que “(…) para que todo el mundo tenga posibilidad de recuperar su empleo y su empresa”. Recuperar su empleo significa mantener las cadenas de explotación con salarios miserables ; respecto a las empresas, alberga el temor a erosionarse lentamente sus intereses económicos lo que a su vez conlleva a su lenta proximidad a las filas del proletariado.

En lo que va del mes de abril, México no escapa de la vigilancia de empresas calificadoras como de las principales instituciones de la banca internacional, por ejemplo, para el país la calificación otorgada está al borde de considerarse bono basura o especulativo, porque éste dejaría de ser atractivo para la inversión del capital financiero.

Cada hecho económico descrito hasta aquí, revela lo desastroso de la crisis financiera, porque afecta inevitablemente el curso de la circulación de mercancías hasta su realización, lo que implica el consumo de éstas, por esto deriva en crisis comercial, a su vez, este acontecimiento desencadena otros, porque induce irremediablemente a la crisis alimentaria.

Un hecho se concatena con otro, por esta razón, ocurre el vaivén en los precios de los artículos de primera necesidad, la acentuada devaluación del peso e inherente a esta la persistente caída de la capacidad de poder adquisitivo del salario y el desempleo, redunda en que las familias pobres del campo y la ciudad posan sobre sus hombros lo lacerante de la crisis, a riesgo de perecer por hambre, desempleo y la violencia de clase.

En ese contexto, el fenómeno viral es recurrido por economistas burgueses, medios de comunicación oficiosos y la oligarquía para considerarle como el causante en desencadenar la hecatombe económica que hoy azota el mundo, es el pretexto idóneo para encubrir lo que detonó en 2008, la crisis económica que hasta la fecha no encuentra solución, es cada vez más prolongada.

Es falso que el enemigo de la humanidad sea la pandemia, cuando son las relaciones sociales fundadas en la explotación del hombre por el hombre hoy expresado la fase imperialista ; ciertamente el virus es real, pero para su combate basta observar las medidas adoptadas por China, cuando se coloca ante todo el interés del pueblo, de la humanidad.

México, en el torrente de decisiones de Estado que se toman en el mundo ante la crisis sanitaria, son medidas punitivas, asumidas de manera cuasimecánica impulsadas por el imperialismo, cuando en economías dependientes al capital financiero como la nuestra, “confinar” o colocar en cuarentena a las masas, es un atropello porque amplios sectores populares fincan su existencia en el trabajo asalariado.

Las medidas adoptadas hasta hoy por el gobierno federal y su gabinete, son ineficientes, la condición económica del país, por su carácter funcional y dependiente al capital monopolista trasnacional, es con claridad vulnerable a los cambios abruptos del mercado capitalista, basta observar la caída de los precios del petróleo, el caudaloso movimiento del mercado bursátil y de divisas.

Bastó el surgimiento de la pandemia para que la oligarquía anunciara el inicio de una recesión que superará en efectos a la de la gran depresión de 1930. Éste fue el pretexto idóneo para iniciar un nuevo impulso en la solución de la crisis y fortalecer el capital financiero, empero, para su solución se advierte una salida económico-especulativa y violenta.

En medio de la contingencia sanitaria emerge la opinión de la oligarquía respecto al papel del Estado mexicano y sus medidas económicas impulsadas para responder a la crisis “sanitaria” y económica, es considerado como el tercer país con un plan económico más bajo, así se demuestra que las relaciones sociales capitalistas dominan las posibles salidas a la contradicción entre capital y trabajo en México, pero en este momento histórico es notable el carácter dependiente del país hacia el imperialismo norteamericano.

Las cifras oficiales advierten que 7 de cada 10 mexicanos considera que la emergencia sanitaria afecta la economía de las familias proletarias, por tanto, analizar la realidad tal cual se manifiesta permite al pueblo identificar quiénes son los responsables de nuestras precarias condiciones materiales de existencia, asimismo, deja al descubierto que quienes hacen posible la riqueza del país es la fuerza de trabajo, los hombres y mujeres que viven del trabajo asalariado.

La situación actual es ilustrativa para comprender la necesidad de organizarnos y exigir que el Estado garantice el derecho a la vida, la alimentación y la salud del pueblo, el desarrollo de los acontecimientos marca que el panorama que se avecina para las masas no es de bonaza, sino de ahondar la precariedad de las condiciones de vida de los pobres del campo y la ciudad, por ello, la lucha de los desposeídos y por el socialismo es vigente.

Atentamente
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS

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