Tinta Socialista No. 113. No se necesita el aval gubernamental ni empresarial para reivindicar las demandas del pueblo

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Ciudad de México a 27 de febrero de 2020

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El pueblo que lucha por mejores condiciones de vida y trabajo no necesita del aval gubernamental, mucho menos de empresarios para ver resultados positivos en sus demandas; estas necesidades de lucha no son producto de caprichos o deseos personales, obedecen a las condiciones de pobreza y miseria en la que viven más de 90 millones de mexicanos en el país, a la violencia institucional que día con día cobra cientos de miles de víctimas y la imposición de políticas neoliberales que tanto daño causan al pueblo trabajador.

La lucha de las mujeres no es de “ocho horas ni de un día”, es de largo plazo hasta que se erradique la violencia institucional contra la clase trabajadora, porque aquí no hay distinción de sexo ni edad, ésta surge por las condiciones políticas y económicas que imponen los gobiernos en turno, cuyas consecuencias son deleznables para los distintos sectores que conforman el pueblo trabajador, en este caso, la demanda principal consiste en erradicar la violencia de clase contra las mujeres, quienes día con día enfrentan esta política criminal.

Reivindicar lucha por la liberación de la mujer no necesita el aval institucional, tampoco de empresarios ni de hombres con sotana para tener un “día de asueto y de regalo”. Es una cuestión de dignidad y una necesidad política salir a las calles a desenmascarar la política criminal que ejecuta el gobierno mexicano contra el pueblo en toda la geografía mexicana, sin distinción si son hombres o mujeres.

El Estado mexicano es responsable del clima de violencia que priva en el país desde el momento en que no hace lo necesario para erradicar este flagelo, en cada crimen cometido es notoria la mano gubernamental porque son en las instituciones, los funcionarios y políticos de oficio quienes los promueven y se muestran indolentes ante los reclamos y demandas de las víctimas directas e indirectas.

Los comentarios que hace el Consejo Coordinador Empresarial como la Coparmex, respecto a la lucha de las mujeres, “Nosotros hemos manifestado que daremos todas las facilidades a las mujeres que quieran sumarse a este paro nacional’, “es una causa que debemos apoyar todos los ciudadanos, para manifestar este hartazgo contra esta violencia de género, para expresar la inconformidad por esos hechos”, son hipócritas, porque con ello intentan robar banderas de lucha al pueblo trabajador que año con año reivindican esa fecha histórica.

Intentan restarle importancia política a una fecha histórica que, en el siglo XX mediante una Conferencia convocada por las Mujeres Socialistas de 17 países, deciden que el 8 de marzo fuera El Día Internacional de la Mujer Trabajadora para conmemorar las luchas de obreras por sus reivindicaciones, quienes producto de esa lucha perecieron en esos intentos de manera dramática.

Así fue como sucedió con las costureras industriales de grandes fábricas en Nueva York en 1908, donde 40 mil costureras se declararon en huelga para demandar el derecho de unirse a los sindicatos, mejores salarios, una jornada de trabajo menos larga y el rechazo al trabajo infantil. Durante la huelga, brutalmente reprimida por la policía, más de 100 trabajadoras murieron quemadas en un incendio en la Fábrica "Textil Cotton".

Resulta pueril que ahora la voz oficial sostenga que dará las condiciones para la realización de la actividad de protesta, porque con o sin el consentimiento, la necesidad de luchar por mejores condiciones de vida tanto para mujeres como para hombres es vigente en tanto que desde la representación oficial mantiene intacta la estructura que genera iniquidad social.

Hasta los comentarios hechos por el Episcopado Mexicano como, “la protesta del 9, un regalo que merece bien cada mujer” o “son sólo ocho horas, no se arruina la economía ni se daña la agenda de nadie” son perversos, porque pretenden pasar esa fecha como un día de asueto sin retomar las demandas políticas de erradicar la violencia de clase contra el pueblo trabajador.

Los empresarios a lo largo de la historia en el mundo siempre han jugado el papel de explotadores, son los que a través de la explotación y opresión concentran y acumulan capital para mantenerse en el poder político y económico a costa de la pobreza y miseria del pueblo trabajador.

El Estado mexicano es responsable de cada acto de violencia que surge en el país por no hacer lo necesario para erradicar esas prácticas aberrantes, ni investigar a los perpetradores, quienes siguen activos en las instituciones públicas con cargos políticos a nombre del partido político que los nombró.

La violencia institucional afecta no sólo a un sector de la población, ésta es sistemática y generalizada contra las masas trabajadoras, es una política de gobierno que no distingue sexo o edad, sólo su condición de clase; afecta por igual a hombres y mujeres, a ello obedecen las cifras de asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, vejaciones, desaparición forzada, tortura, detenciones arbitrarias, abusos sexuales y la tortura son expresiones de esta política de gobierno que todos los días cobra nuevas víctimas.

La violencia de clase tiene sello y patente del Estado mexicano, éste tiene el control de ese fenómeno económico y político que lacera a cientos de miles de hogares proletarios en todo el territorio nacional. Erradicarla no va a depender del personaje que ocupe la silla presidencial, ni de los gobiernos en turno, sino de las masas que de manera organizada y consciente luchen contra esa política deleznable.

El oportunismo roba banderas de lucha al movimiento proletario, pretende quitar la responsabilidad al gobierno mexicano de la violencia que permea en toda la República mexicana y la hace ver como una lucha separada entre hombres y mujeres; quien así lo entienda a la distancia sólo se conduce a una lucha fratricida entre sexos; la violencia es ejecutada contra una clase en específico: las masas trabajadoras. Por tanto, es responsabilidad de ésta luchar contra esa política deleznable que tanto daño hace al pueblo trabajador.

La violencia contra la mujer es un hecho innegable, lo mismo que contra todo el pueblo trabajador, tiene sus orígenes en la base económica que sustenta el modo de producción capitalista, de ella emana todo lo que acontece al mundo, el cual, se erradica en el momento en que se lucha contra toda la barbarie, contra el capitalismo que genera inequidad y desigualdad social.

No permitamos que desde la oficialidad intenten robarnos las banderas de lucha, éstas son conquistas el pueblo a través de la historia para mejorar sus condiciones de vida y trabajo y no permitir que sus derechos y libertades políticas sean conculcadas. ¡8 DE MARZO NO SE OLVIDA ES DE LUCHA COMBATIVA!

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS


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