La demagogia y la violencia institucional rasgos distintivos del gobierno chiapaneco

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Ciudad de México a 21 de noviembre de 2019

A la opinión pública

La demagogia es un rasgo que caracteriza a los políticos de oficio en aras de granjearse simpatía del pueblo, este fenómeno en el contexto económico y político de Chiapas deriva en otro, la violencia institucional, el gobierno chiapaneco usa el engaño en cada discurso ante la opinión pública mientras ejecuta la violencia.

En algunos medios de comunicación se dio voz a un conjunto de expresiones del “mandatario estatal”, donde hace gala de un optimismo cínico respecto a algunos resultados de su gestión en materia social y de seguridad”, empero es un esfuerzo intelectual rotundamente superado por la realidad misma, porque la represión, las injusticias, la omisión y la dilación a las demandas del pueblo, son la respuesta que éste recibe de las instituciones gubernamentales.

Al analizar las declaraciones del representante del Ejecutivo estatal revelan una falacia tras otra, entre sus dichos y la práctica concreta podemos atestiguar resultados diametralmente opuestos, de esto resulta que por mucho que los políticos de oficio intenten negar la precariedad socioeconómica en que vive el pueblo chiapaneco, el descontento popular es la prueba fehaciente del carácter inhumano de la política oficial.

Rutilio Escandón Cadenas arguye que el pueblo “merece vivir con dignidad y en un ambiente de paz y justicia” esta declaración es un insulto a la inteligencia del pueblo. Si ésta fuese la intención del gobierno, el pueblo no merece, porque no es un asunto moralino, sino que tiene el legítimo derecho a vivir con dignidad; la paz no es la que alude el gobernador, porque ésta oculta que es una paz para favorecer la propiedad privada, la circulación y realización de mercancías.

Que el pueblo “merece justicia”. Esta expresión es hipócrita y con enorme estrechez política, porque es un concepto que en los hechos insulta sobremanera la dignidad de las masas trabajadoras como al conjunto del movimiento popular, porque el concepto de justicia del gobernador corresponde a la justicia burguesa para favorecer a intereses empresariales, mientras que a los pobres del campo y la ciudad intentan engañarlos con programas asistencialistas, dividirlos para conducirlos a la pasividad y a la descomposición social.

Un político de oficio cuya tarea es hacer creer al pueblo que representa sus intereses se expresa del siguiente modo “(…) El gobernador no hace negocios por debajo del agua, no representamos ni tenemos empresas fantasmas, porque respetamos al pueblo y ejercemos el presupuesto público en las causas más sensibles.” Empero, en estas declaraciones, nos llama la atención que un gobernador rinda explicación con esa simulada ingenuidad, pero, por otro lado, la violencia gubernamental no se detiene.

Su intento por exponer una imagen “honesta” del Ejecutivo estatal lo único que refleja es la descomposición política del régimen, miente descaradamente, a través de la retórica una y mil palabras puede verbalizar para sorprender al neófito y como al sibarita, pero, para las masas trabajadoras no existe respeto, por el contrario, es evidente que invierte no para beneficiar en sentido estricto al pueblo, sino que éste lo hace en la represión contra los sectores populares que expresan su descontento.

El descaro de un hombre del régimen al afirmar con explicaciones no pedidas devela que, en una lógica trastocada por las relaciones basadas en la avaricia, la corrupción, nada se puede ocultar, sin embargo, cuando las masas explotadas a través del ejercicio de su derecho a disentir exigen el cumplimiento a sus demandas económicas, políticas y sociales, responden con hostigamiento policíaco-militar y con crímenes de lesa humanidad.

Otra mentira la declara así “(…) Lo que necesitamos es hacer un gobierno austero (…) y no ofender ni pisotear la dignidad de la sociedad.” Lo que el pueblo necesita es un gobierno que se coloque del lado de los explotados y oprimidos, no que defienda los intereses de los grandes empresarios. En una sociedad gobernada por el capital y un Estado servil, la dignidad del pueblo es pisoteada a diario, la violencia institucional cobra la vida de decenas de trabajadores, enluta a miles de familias “humildes y desfavorecidas”.

La demagogia es corrosiva, porque esta es engañosa, otro ejemplo es esta afirmación “(…) Si nosotros nos corrompemos, lo paga el pueblo.” Solamente en la cabeza de un ingenuo cabe semejante falacia. El pueblo vive explotado y oprimido, mientras el Estado y políticos de oficio nadan en terrenos pantanosos, se pudren en una enorme red de corruptela, los sectores populares vivimos con el riesgo de ser objeto de algún crimen de lesa humanidad a causa de la militarización y paramilitarización del sureste mexicano.

Una expresión lúcida de quien se caracteriza por su vocación demagoga y criminal expresa una y otra falsedad, “(…) en la entidad se ha puesto orden.” El orden traducido en hechos concretos se refiere a las decenas de familias despojadas con violencia de su derecho a la posesión de la tierra y a la vivienda, a la impunidad y dilación con la que se trata las exigencias de justicia de las víctimas de la violencia de clase.

El orden implica ejecutar la represión con el pretexto de aplicar el estado de derecho para beneficiar a la oligarquía y las cámaras empresariales. Es lo cegador y asfixiante del gas lacrimógeno, el tolete, la tortura, la creación de carpetas de investigación, detenciones arbitrarias, eso es para el gobernador chiapaneco, el Secretario General de Gobierno y el Fiscal General del Estado poner orden, reprimir cuando el pueblo ejerce su derecho a la protesta.

Es vano el esfuerzo del gobernador por colocar un rostro humano a la policía cuando esta obedece a un gobierno de carácter burgués, como lo dijo ante los medios de comunicación que “(…) se está dotando de patrullas, moto patrullas y uniformes de calidad y de alto nivel tecnológico a las corporaciones policiales, con el ánimo de dignificar la labor que realizan al estar frente a la seguridad ciudadana.” Solo un hombre servil a los intereses empresariales se refiere así de las fuerzas represivas, cuando en el fondo, mediante la violencia pretende callar toda expresión de descontento popular.

Otra mentira ruin, es esta “Tenemos la vocación, la voluntad de servir, y resolver los asuntos con eficacia y honestidad, lo cual es fundamental para rescatar la confianza de la ciudadanía en sus instituciones”. El pueblo organizado y consciente con las banderas de la lucha independiente, puede calificar semejante aseveración como un intento burdo, falaz, es reflejo de la esencia misma de la demagogia, para ganarse la simpatía de las masas.

El indicativo es claro, la violencia institucional es un fenómeno real que el gobierno y sus subalternos se obcecan por ganarse la aceptación del pueblo chiapaneco cuando éste, día con día vive en carne propia las consecuencias de un gobierno proempresarial, demagogo y criminal.

Razón suficiente que indica la necesidad de organizarnos lejos de la lógica de los partidos políticos electoreros, de las formas oficiales de organización; se requiere organización independiente, lucha y resistencia con carácter combativa. Mientras las injusticas persistan contra el pueblo, éstas serán razones para mantener la combatividad y el despliegue de acciones políticas de masas sustentado en nuestro derecho a protestar.

Atentamente

¡Por la unidad obrero, campesino, indígena y popular!
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS

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