A cien años del asesinato del General Emiliano Zapata Salazar, su legado es vigente

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México a 10 de abril de 2019

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A cien años del asesinato del General Emiliano Zapata Salazar, su legado es vigente

A cien años del cobarde asesinato del General Emiliano Zapata, en el Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS) reivindicamos su legado, su ejemplo de lucha cuya vigencia persiste en la actualidad; la lucha por la tierra, su defensa y la necesidad de emancipar a los pobres del campo y la ciudad es una premisa inaplazable, máxime cuando las relaciones sociales de producción son de explotación del hombre por el hombre.

Emiliano Zapata como caudillo del sur, representó los intereses populares y correspondió a las necesidades históricas de su tiempo, realizó su práctica política en un momento en el que el desarrollo de las fuerzas productivas estaban en ciernes, el pueblo vivía sometido a la ignorancia así como de las vejaciones de los caciques de horca y cuchillo en el incipiente desarrollo capitalista.

Debido a las condiciones socioeconómicas, políticas y culturales del pueblo, su actuar fue limitado para representar y defender sus intereses más altos de su clase, esta condición favoreció en gran medida a la clase dominante para enquistarse en el poder, no obstante, las fuerzas populares compuestas en su gran mayoría por masas campesinas explotadas y oprimidas, fueron el pilar fundamental que junto Zapata lucharon por la tierra y para liberarse del yugo caciquil.

A un siglo de su cobarde asesinato las causas contra las que luchó aún persisten; la explotación económica es real, la voracidad oligárquica es impuesta mediante el terrorismo de Estado. Un nuevo ciclo de centralización y concentración de tierra inicia acorde las exigencias del capital monopolista transnacional, donde la lucha del campesino reviste singular importancia dado que no es el típico cacique de horca y cuchillo de antaño, sino el amasijo de intereses de empresarios nacionales y del extranjero.

Las necesidades de los trabajadores del campo son idénticas a las de todos los explotados y oprimidos, por ello, la lucha por la tierra debe constituir una premisa metodológica para desarrollar de mejor manera la lucha por el socialismo y consolidar los principios políticos para la unidad de todo el pueblo en lucha por su emancipación.

La tierra considerada como mercancía se encuentra en permanente asedio empresarial para su monopolización, sobre esta premisa económica y política se sustentan los intereses oligárquicos por privatizarla, con esto, se recrudece el despojo violento y legalizado, el desplazamiento forzado de masas campesinas que agudizan las condiciones de pobreza y miseria en el campo mexicano.

Tales condiciones adversas es resultado de las leyes que rigen la sociedad capitalista, para el sector campesino es fundamental enarbolar la consigna: la tierra es de quien la trabaja, la defiende y lucha por su emancipación. En ésta subyace la ingente necesidad de la organización independiente y combativa de las masas trabajadoras.

La lucha por la tierra y su defensa debe conducir a la liberación del campesino de las cadenas que lo oprimen, superación que sólo es posible con la abolición de la propiedad privada y de la monopolización capitalista. Principio político que se sustenta en las condiciones precarias de existencia de las masas campesinas de ejidos, comunidades o núcleos rurales de población.

La iniciativa de Ley de desarrollo agrario presentada por el representante de la bancada de MORENA en el Senado significa la andanada legislativa para imponer el ritmo en el proceso de despojo de tierra en el momento actual. Su contenido es lesivo porque su esencia es eminentemente privatizador; conceptual y demagógicamente plasma el carácter proimperialista de dicha iniciativa.

Esta iniciativa legislativa concibe a la tierra como mercancía, el reconocimiento de la existencia de la propiedad privada, comunal, pública y nacional indica que existe el intento de suprimir la propiedad social sobre la misma. De acuerdo con las cifras oficiales el 51 por ciento del territorio nacional está en manos de los ejidos, aquí estriba la inquietud mezquina del Estado para acelerar su privatización.

El despojo legal y violento de la tierra a los campesinos es una medida prooligarca que facilita la expoliación de los recursos naturales y estratégicos como el petróleo, minerales e hídrico; premisa comercial impuesta a costa de la pobreza y miseria que azota al campo.

Los discursos de políticos de oficio sobre favorecer el “desarrollo” del país y “erradicar la pobreza” en el campo son eufemismos con los cuales se quiere maquillar las pretensiones de favorecer a la industria extractiva y agroindustrial. Sobre el territorio mexicano penden un sinnúmero de concesiones mineras, hidroeléctricas y producción de materia prima para la industrialización de alimentos que en suma condenan al oprobio a las masas trabajadoras.

El discurso de los políticos de oficio expresa ese descaro al reconocer que existe un seis por ciento de “productores agrícolas” son “empresarios”, aforismo neoliberal que significa justificar el nuevo ciclo de acumulación y centralización de capital en el marco de las exigencias imperialistas.

El usufructo de la tierra está en manos de la burguesía agraria, el ejidatario, comunero o pequeño propietario se encuentra imposibilitado para producir, por ello la figura de arrendamiento a compañías de producción de alimentos chatarra se convierte como una opción de la población rural o intercalar estancias de trabajo en las grandes producciones agrícolas y en zonas industriales del país.

Los megaproyectos que impulsa la administración actual en las Zonas Económicas Especiales corresponden a los designios capitalistas, este fenómeno implica la implementación de medidas contrainsurgentes para forzar el desplazamiento de la población de sus lugares de origen, la ejecución de la Guerra de Baja Intensidad para mantener en la sumisión, la pasividad e indiferencia a las masas campesinas.

Los saldos de la violencia institucional en lo que va del gobierno actual presagian la continuidad de la política represiva independientemente de los buenos deseos que se expresan en la retórica oficial. La ejecución extrajudicial del activista de Morelos, el intento de masacre de nuestro compañero Alberto Tenango Tolentino y las amenazas de desalojo de familias tanto del campo y la ciudad, indican el asedio al que se encuentran las masas campesinas quienes defienden el derecho a la tierra.

La fenomenología del desarrollo socioeconómico en el país explica las causales del constante proceso migratorio del campo a la ciudad que expresa el proceso de proletarización material de amplias masas campesinas. Esta particularidad del campesino nos refiere la complejidad de este sector debido a su condición paupérrima y el sutil apego a sus rudimentarios aperos de labranza.

El Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) inaugura una etapa del neoliberalismo de la producción capitalista que hace más deplorable la situación del agro mexicano, significa la pretensión de garantizar la disposición de materias primas e insumos de la gran industria, aspecto que refuerza el papel funcional y dependiente al imperialismo de la economía mexicana.

El escenario para los pobres del campo se vislumbra escabroso, por ello, no basta tener la tierra y reproducir las formas burguesas de existencia, hacerlo facilita la eliminación del régimen de propiedad ejidal y comunal; es la fisura que se ensanchará para su reconcentración en unas cuantas manos si no se asume con voluntad y determinación la lucha por la tierra, su defensa y por el socialismo.

Unir esfuerzos para defender el derecho a la posesión de la tierra exige la necesidad de construir el poder popular que representa la capacidad creativa del pueblo, constituye la implementación de principios metodológicos y organizativos proletarios. La unidad de los trabajadores del campo y la ciudad es un principio estratégico que adquiere nodal relevancia en tiempos de ofensiva imperialista.

En el marco del centenario luctuoso del General Emiliano Zapata, el desarrollo de los acontecimientos en el país y el mundo otorgan la razón y legitimidad para mantener la lucha por la tierra y su defensa: el ejemplo del Caudillo del Sur conmina la necesidad de la organización independiente y combativa para sortear la política represiva contra las masas explotadas en la lucha por el socialismo en México.

¡La tierra es de quien la trabaja, la defiende y lucha por su emancipación!

¡Por la unidad obrero, campesino, indígena y popular!
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo

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