Participación del FNLS en el primer Foro de análisis del Frente Popular Francisco Villa Independiente

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Ciudad de México a 22 de febrero de 2019

PRIMER FORO DE ANÁLISIS
FRENTE POPULAR FRANCISCO VILLA INDEPENDIENTE

Situación actual y las necesidades metodológicas del movimiento popular

La situación nacional de nuestro país atraviesa por una coyuntura de reflujo en el movimiento popular producto del denominado “triunfo de la democracia”; las contradicciones que dieron vida a la crisis capitalista no son superadas con todas las medidas paliativas, por el contrario, denuncian un proceso hacia su agudización que amenaza con hacer más profunda la brecha que existe entre explotados y explotadores, condición inequívoca de la crisis económica y política del régimen.

El arribo de una administración de “izquierda” al Ejecutivo Federal es el matiz que adquiere el desarrollo de la crisis económica y política, es el indicativo de un esfuerzo más de los monopolios de poder económico para intentar sortear las turbulencias que sacuden al modo de producción capitalista y que pugna por un nuevo reacomodo de las fuerzas en el plano internacional que pujan por el reparto de zonas de influencia y el control de mercados del capital monopolista transnacional.

Los costos que significan la implementación de las políticas neoliberales para el pueblo trabajador son desastrosos, millones de seres humanos subsumidos en condiciones de precariedad constante, la miseria campea en todo el orbe, enfermedades inherentes a las condiciones paupérrimas de existencia cobran la vida de hombres y mujeres en el mundo… en síntesis, son la expresión irrefutable del carácter inicuo del capitalismo en su fase imperialista.

El desarrollo de las fuerzas productivas tiene un nivel colosal que resultaría suficiente para satisfacer las múltiples necesidades humanas en todo el mundo, sin embargo, este desarrollo es utilizado para incrementar la explotación, hacer más productivo el trabajo, expoliar la riqueza de otros países y amasar grandes fortunas en unas cuantas manos a costa de la pauperización de las masas trabajadoras.

El hambre que ciega incontables vidas podría ser resuelta diez veces más de la demanda real y no habría más enfermedades relacionadas de forma intrínseca con la pobreza y miseria, empero, el desarrollo técnico y científico es dirigido para favorecer al capital monopolista transnacional. Tal condición inhumana es la esencia del capitalismo, el carácter inhumano de este régimen oprobioso.

La contradicción fundamental entre capital y trabajo avanza a una ruta de agudización, en la actualidad está materializada en la existencia de millones de pobres, en las guerras de rapiña y anexionismo que implementan los países imperialistas. Escenario que reclama el accionar consiente de las masas proletarias para poner fin a un modo de producción que se devela como anacrónico, inhumano y caduco.

Las diferencias surgidas entre los principales grupos internacionales de poder económico manifiestan las pugnas interimperialistas, cada uno de ellos pretende asegurar sus cotos de poder y resolver la fase recesiva de la crisis. Este escenario es mucho más adverso para las masas proletarias, porque mientras las economías poderosas pueden observar pérdidas en sus ganancias, el obrero ve consumirse no sólo su fuerza de trabajo, sino su propia existencia que se materializa en cada mercancía que produce.

El mundo se encuentra dividido y repartido entre potencias imperialistas, no obstante, existen bloques de países no alineados que pugnan por un desarrollo independiente del imperialismo, y los países socialistas que sobreviven a muchas dificultades y amenazas implementadas por la internacionalización de las relaciones de producción capitalistas. Este es el escenario de la correlación de fuerzas a nivel internacional que por el momento le es desfavorable a las fuerzas socialistas.

La estrella del socialismo brilla en el horizonte, la existencia de este modo de producción es la prueba inequívoca de su validez, es la antítesis del oprobio que genera el capitalismo. Cada pueblo debe desarrollar los principios tácticos y metodológicos para la superación cualitativa del régimen de explotación del hombre por el hombre, esta es tesis del marxismo en la época del imperialismo.

Parte del movimiento popular entró en una fase de relativo reflujo producto del “triunfo” del aspirante de la “izquierda”. Este cambio en la correlación de fuerzas plantea definiciones en el aspecto táctico a las organizaciones independientes que luchamos por el socialismo en México, ¿Cómo organizar la lucha independiente y construir la conciencia de clase en el pueblo trabajador para el “asalto a la fortaleza capitalista”?

La internacionalización de las relaciones de producción capitalistas otorga a México un lugar en la división internacional del trabajo, la condición de dependencia y funcionalidad de la economía mexicana con respecto al capital monopolista transnacional y la esencia burguesa del Estado mexicano, proveedor de materias primas y fuerza de trabajo. Esta es la explicación del poco o nulo desarrollo industrial y la condición eminentemente maquiladora de la producción mexicana.

La nueva administración asume las riendas del poder ejecutivo dentro de esta amalgama de condiciones socio-históricas donde el capital impone sus designios por medio de diferentes modalidades. Los hombres y mujeres distinguidos por su naturaleza oligárquica, por la posesión de medios de producción son la personificación del poder económico que sojuzga a las masas trabajadoras.

El gobierno emanado del partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) se inscribe en un contexto que le anteceden 36 años de neoliberalismo, tres sexenios con la implementación de una franca política de terrorismo de Estado que significó para el pueblo mexicano una cantidad incuantificable de víctimas de múltiples violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.

Los distintos grupos de poder económico en el país no son entes pasivos, ante el inminente crecimiento de la inconformidad social y el continuo avance de las formas metodológicas de organización de las masas trabajadoras, optaron por la decisión consensuada y menos costosa, con lo que permitieron que se llevara a de cabo el desarrollo “normal” de las elecciones, por lo tanto, es la expresión sin cortapisas de una hábil salida de la burguesía a la crisis política del régimen que urgía un reacomodo de las fuerzas ante la coyuntura de crisis en el mundo.

Los matices que distinguen al nuevo presidente de la República respecto de sus antecesores mantienen a determinado porcentaje de la población en un sentimiento esperanzador de un cambio, la promesa de la “cuarta transformación” y el “fin del neoliberalismo” son convertidas en el eslogan para sumar adeptos al proyecto de gobierno, no obstante, al paso de los días la esperanza queda en el sentimiento efímero cada vez menos realizable.

Ante el nuevo gobierno no existe el desengaño de las fuerzas populares, nunca estuvo depositada la fe ciega en que el cambio de la coyuntura nacional significara un cambio cualitativamente superior del régimen, este tipo de transformaciones únicamente son posibles con métodos programáticos que organicen y dirijan a las masas en su papel histórico para la conquista de sus tareas estratégicas como clase proletaria. Siempre hubo la claridad que desde las entrañas del régimen no podía emanar el verdadero representante de los intereses populares.

El reacomodo de las fuerzas económicas y políticas en el país es la distinción de la coyuntura actual, los personeros del capital manifestaron el beneplácito al nuevo presidente una vez que quedaron claras las directrices del desarrollo económico de su sexenio, mismo que contempla incentivar el progreso con la asesoría de la cúpula empresarial, con la implementación de proyectos que garantizan la reproducción del capital en detrimento de las masas trabajadoras.

Las condiciones materiales a las que condujo el neoliberalismo a millones de trabajadores no pueden ser obviadas ni serán superadas únicamente con aforismos mecanicistas sustentados en la ideología burguesa liberal moderada ni por decreto. Los preceptos del Estado benefactor en pleno auge de la crisis capitalista apuesta a oxigenar y apuntalar el régimen de iniquidad con lo cual desactivan el proceso de organización de lucha popular, condenan a las masas a la pasividad y a la degradación humana.

Los crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos describieron una constante en las últimas tres administraciones, en suma expresan la sintomatología de la imposición del terrorismo de Estado como política de gobierno, efectos que no son consideradas en su exacta dimensión con la intención de minimizarlos. Existe la pretensión de conducir a los familiares de víctimas a otorgar el perdón judeocristiano y “dar vuelta” a la página para superar hechos tan dolorosos.

El desarrollo capitalista requiere un momento de relativa paz, este es el sustento de la “pacificación” del país de la actual administración, premisa que tiene punto de partida en la conclusión de un ciclo de acumulación y centralización de capital apuntalado por métodos violentos de manera descarada, hoy se requiere abrir un nuevo proceso por medio de una paz disfrazada de ciertas condiciones de “bienestar social”.

La violencia exacerbada dejó una amplia estela de muerte y terror por todos los rincones de la geografía nacional, la cifra de víctimas es incuantificable, aspecto que ilustra la voracidad de grupos oligárquicos que impusieron sus designios por medio de crímenes de lesa humanidad y de Estado. Herida causada al pueblo que no puede quedar en el olvido sin establecer con precisión los responsables de tal desangramiento de las masas inermes.

El combate a un enemigo interno se coloca dentro de la política de seguridad interior, el nuevo gobierno propone la creación de un nuevo cuerpo represivo que se traduce en el fortalecimiento del Estado policíaco militar y la militarización de toda la vida política del país. El sofisma de la seguridad interior es mantenido como premisa para determinar el desarrollo económico.

El arribo de Andrés Manuel López Obrador representa un vaivén en la coyuntura de la democracia burguesa, no significa un cambio profundo de las relaciones de producción mucho menos el fin de la política económica impuesta por el imperialismo. En política pocas cosas obedecen a los deseos personales, máxime cuando se trata de los intereses del capital.

La cifra de miseria y pobreza es escalofriante, expresa la magnitud del saldo de las políticas de hambre impuestas en nuestro país, realidad que tiene sus orígenes en la base económica del régimen, sustento material que le da vida y que no puede ser erradicada mediante retórica optimista y los buenos deseos.

La crítica política de las masas en los últimos años describió una ruta ascendente en la adquisición de la conciencia de clase, exploró nuevas formas metodológicas de lucha y organización, por lo que el cambio de la coyuntura pretende romper con la armonía y la cadencia en la lucha de clases para someter a un reflujo el incipiente crecimiento de la organización independiente de las masas.

El fin del neoliberalismo precisa erradicar las bases materiales que dan sustento a este régimen inicuo, abolir la explotación del hombre por el hombre, terminar con en el derecho de la propiedad privada para unos cuantos, la ley es el derecho del burgués. Es un eufemismo leguleyo al que apelan los empresarios para esgrimir que el “todos” pueden poseer, pero la realidad es que sólo los dueños del dinero tienen la posibilidad para acceder a medios de producción.

La lucha contra la corrupción es colocada en el centro del plan de gobierno pero no toma en cuenta que este fenómeno sociopolítico tiene sustento en las entrañas mismas del régimen, es una característica inherente a la clase que detenta el poder y la única que tiene la capacidad de utilizar los medios económicos y morales para hacer surgir los bajos instintos del ser humano, entre ellos la corrupción.

Las medidas progresistas que podría esbozar el nuevo gobierno resultan efímeras ante la incorporación de la cúpula empresarial en la toma de decisiones, los intereses de la oligarquía siempre estarán contrapuestas a las necesidades del pueblo, por ello la promesa de gobernar para todos es un axioma que no soporta el cotejo con la realidad objetiva.

El cometido de crímenes contra el pueblo se mantiene aún en los primeros días del sexenio, lo que indica que el terrorismo de Estado tiene su arraigo en las estructuras del Estado mexicano y supera los límites sexenales, donde la imposición de la voluntad de los grupos empresariales al amparo del poder político es la premisa que sigue su curso a pesar de la promesa institucional de acabar con la represión.

Las razones para la lucha del movimiento popular tienen sustento en las condiciones deplorables como resultado de la aplicación de las reformas neoliberales, es falso que con el cambio de la administración y el empeño de la palabra del mandatario federal terminen las razones populares para mantener la acción combativa de las organizaciones independientes, los saldos perniciosos del neoliberalismo son cada vez más palpables.

Acusar a las expresiones de las acciones políticas de las masas de “intransigencia”, “conservadores”, “radicalismo de izquierda” y toda una serie de acusaciones peyorativas tiene el objetivo de negar de facto el derecho a disentir, oculta las profundas desigualdades sociales que tienen sus raíces en las políticas económicas que generan iniquidad y pretende juzgar a movilizaciones en la concepción maniquea de buenas y malas, donde las segundas son aquellas que expresan la crítica a la política al actual gobierno.

El fortalecimiento del Estado policíaco militar es una premisa colocada como fundamental en la agenda del nuevo gobierno, la creación de la Guardia Nacional es el mecanismo para mantener a los militares en las calles, independientemente de lo que afirme el titular del Ejecutivo federal, las denuncias contra militares y efectivos de la marina como responsables materiales e intelectuales de crímenes de lesa humanidad es una realidad irrefutable.

El quehacer político de las organizaciones populares en la lucha por el socialismo
El fortalecimiento de las posiciones reformistas y oportunistas intenta dar por terminada la lucha independiente, y por lo tanto, la lucha de clases, llamar a las masas a un terreno de conformismo y los vericuetos de las formas corporativas de lucha es una táctica oportunista que debe ser denunciada y desenmascarada.

La lucha por el socialismo es una necesidad ineludible y viable en las condiciones actuales de nuestro país, es la necesidad estratégica por la cual debemos encaminar el esfuerzo del movimiento popular independiente.

Combatir toda forma de dependencia económica, política e ideológica respecto al Estado de las organizaciones populares, todo esfuerzo organizativo que condicione la lucha a través de las prebendas que otorga la institucionalidad está condenada al fracaso.

Continuar con el fortalecimiento de las formas de organización y lucha que converjan en estructuras organizativas independientes con la claridad de clase de luchar por el socialismo, crear la conciencia de clase para que las masas asuman el papel histórico que demanda la realidad nacional.

La confianza y fe ciega que depositan algunos sectores del pueblo es la expresión de la existencia del sujeto crítico progresista, es preciso coadyuvar para que abandone ese estadio y se convierta parte del sujeto consciente en el convencimiento de la superación cualitativamente del régimen oprobioso.

Desarrollar la formas metodológicas de organización de acuerdo con las condiciones objetivas, el actuar caótico y contestatario no redunda en el avance cualitativo de la lucha de clase del proletariado, el culto a la espontaneidad de las masas coloca al pueblo en una vulnerabilidad peligrosa ante la violencia de Estado.

Construir la coordinación, alianza y unidad en la lucha popular, dar los pasos concretos para crear frentes de masas clasistas que desarrollen la lucha antineoliberal, anticapitalista y antiimperialista.

Mantener la denuncia política y en la acción de masas de cada acto que atente contra la dignidad y los derechos del pueblo trabajador. Impulsar la unidad en la vía de los hechos de todas las víctimas del terrorismo de Estado.

Unificar la lucha por nuestras demandas, unir nuestros esfuerzos para no permitir el remache de las cadenas de opresión capitalista aunque se disfracen de una transformación que no existe más que en el discurso que desactiva la organización de la lucha popular.

¡POR LA UNIDAD, OBRERO, CAMPESINO, INDÍGENA Y POPULAR!
FRENTE NACIONAL DE LUCHA POR EL SOCIALISMO
FNLS

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