El paramilitarismo como política de gobierno, se manifestó en los hechos lamentables ocurridos en el municipio de Oxchuc

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Chiapas, México a 01 febrero de 2018

A los medios de comunicación

A las víctimas del terrorismo de Estado

A las organizaciones populares, democráticas e independientes

A los organismos defensores de los derechos humanos

Al pueblo en general

El paramilitarismo como política de gobierno de la actual administración federal y estatal, se manifestó una vez más en los hechos lamentables ocurridos en el municipio de Oxchuc, acto de terrorismo de Estado donde mediante una brutal agresión perdieran la vida tres de sus habitantes, por la forma cómo éste se ejecuta es muestra infalible de la impunidad con la que actuaron los perpetradores lo cual nos conduce a tipificar el fenómeno como ejecuciones extrajudiciales.

La problemática en Oxchuc no es un acontecimiento nuevo, éste surge como un problema poselectoral en el año 2015, desde entonces, lo que pareciera un conflicto intercomunitario en realidad tiene como punto de partida la política institucional, de este modo las víctimas y el ambiente de tensión que priva en este municipio es responsabilidad de Manuel Velasco Coello titular del ejecutivo estatal.

El paramilitarismo funge como puntal de represión en la entidad, mediante esta política se conduce al pueblo a una lucha fratricida, con la particularidad de aquellos quienes actúan como paramilitares pierden todo vínculo e identificación con el pueblo trabajador, su degradación humana y descomposición social es vil porque por “unas monedas” se prestan para asesinar a sus hermanos de clase.

Mediante distintas voces recogidas del sentir del pueblo, es cada vez más visible la autoría material de estos crímenes, los cuales fueron ejecutados por un grupo paramilitar, esta particularidad es la expresión concreta de la política contrainsurgente que se ejecuta con mayor relieve en la entidad, a la vez que contraviene la versión oficial con la pretensión de endosar todo ambiente de rispidez en la región a un tema poselectoral y al “enfrentamiento” entre dos corrientes políticas opuestas.

Es un secreto a voces, quienes participaron en la ejecución de los crímenes son los mismos elementos paramilitares cuya presencia es evidente en el municipio de Ocosingo y Altamirano donde ejecutan acciones criminales y de hostigamiento en coordinación con el mando único y la protección de otras instituciones gubernamentales, estos hechos nos indican la capacidad logística como un ejemplo de la impunidad, la responsabilidad y aquiescencia del Estado mexicano.

La ola de rumores, la imprecisión en la tipificación de los hechos y la omisión de las autoridades estatales es una muestra irrefutable de la guerra de baja intensidad ejecutada en la región de Oxchuc, Ocosingo y Altamirano con objetivos eminentemente contrainsurgentes. Esto prueba la política dilatoria del gobierno estatal para dar solución a las demandas inmediatas y en los hechos se traduce en la administración perversa del problema para allanar el camino a la represión masiva y selectiva.

La forma cómo se desarrollaron los acontecimientos en Oxchuc, incentiva la persistencia de la vieja táctica de los gobiernos antipopulares de divide y vencerás, a través de ésta provoca pugnas, divergencias en el seno del pueblo organizado o no para luego arremeter a través de la violencia institucional. Hoy esta táctica es encabezada por el Partido Verde Ecologista (PVEM) y Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Chiapas.

Los acontecimientos lamentables en el municipio señalan la lógica profascista de quienes gobiernan en la entidad y el país, donde las víctimas de los crímenes de Estado las pone el pueblo, por lo tanto, la responsabilidad de estos saldos deleznables alcanza a políticos de oficio enquistados en el poder porque éstos obtienen tajada política por medio del lucro con el dolor de las masas trabajadoras.

El Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS) lamenta profundamente los saldos mortales provocados en esta acción represiva, porque ninguna organización puede manifestar regocijo ante los ríos de sangre que inundan la geografía mexicana, máxime cuando es palpable la mano del Estado mexicano a través del paramilitarismo y sus políticos de oficio como ariete represivo.

Lo sucedido en este municipio refleja la prioridad de la política del Estado mexicano para favorecer la coyuntura política de cara a las próximas elecciones presidenciales, con lo cual relega a segundo término la atención a las demandas inmediatas y más sentidas del pueblo trabajador.

Ante la presente coyuntura electoral en nuestro país, la lógica de los gobiernos estatal y federal es continuar con la administración del fenómeno para asegurarse prebendas por medio de la mediatización con paliativos leguleyos a las problemáticas sociales; la lucha electoral es respetable en tanto promueva la toma de conciencia política del pueblo, pero si es el mecanismo para sumergirle aún más en la opresión, debe ser denunciada en su carácter de clase.

¡Alto a la militarización y paramilitarización del país!

¡Juicio y castigo por los crímenes de Estado!

¡Alto al terrorismo de Estado!

¡Por la unidad obrero, campesino, indígena y popular!

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo

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