Análisis y opinión. A 500 años de la conquista. Cinco siglos de lucha y resistencia por la emancipación popular

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Ciudad de México, a 12 de octubre de 2021

A la opinión pública

El 13 de agosto de este año se cumplieron cinco siglos de la caída de Tenochtitlan en manos de los conquistadores españoles, después de presentar tenaz resistencia al conquistador, éste por mucho que se le embellezca es portador de la violencia para esclavizar a los pueblos originarios.

La ciudad que logró edificar el pueblo tenochca comenzó a ser derrumbada, en un primer momento con cañones, después para remover hasta los cimientos la identidad de los pueblos originarios, con cada piedra demolida se caía también cultura, rasgos de identificación y unidad.

Aquel 13 de agosto de 1521 es la culminación fatídica de la heroica resistencia de pueblos originarios, de Aztecas y Tenochcas particularmente, fueron tres meses ininterrumpidos de enfrentamiento bélico entre el ejército español y sus aliados indígenas ya sometidos a su voluntad y dominio; tiempo de escaramuzas bélicas en que la diferencia entre las dos fuerzas beligerantes la hizo el desarrollo desigual de las fuerzas productivas entre los dos continentes que se vieron enfrentados en ese momento histórico.

La caída de Tenochtitlán debe ser observada desde el crisol del desarrollo dialéctico de la humanidad y de la lucha de clases. Entre Europa y el desconocido para ese entonces continente americano media todo un proceso disímil del desarrollo de las fuerzas productivas, hecho que se convierte en crucial para inclinar la balanza hacia el lado del ejército invasor de los conquistadores.

Los pueblos originarios en el continente americano llevaban un proceso particular de desarrollo de las fuerzas productivas, producto de condiciones muy concretas, la cual manifestaba sustanciales diferencias con lo que sucedía en el viejo continente. Por ello, resulta un absurdo pretender edificar un halo de santidad a las poblaciones autóctonas para justificar el proceder de los aliados de los conquistadores, así la actitud de redimir o humanizar al conquistador y a los que optaron por subyugarse a éste sin oponer resistencia.

Sin duda los 81 días de asedio militar representan una defensa heroica, adquiere nodal relevancia en la medida de la participación de toda la población y habitantes de la ciudad azteca de una u otra manera para coadyuvar a la defensa de Tenochtitlan, en ello no hay ninguna manifestación superflua de narcisismo, se debe asimilar en tiempo y espacio concretos. Enfrentar al invasor, a quien ataca a traición, a pesar del amplio misticismo que rodeaba su llegada, significa romper con muchas ataduras culturales con un propósito, evitar sucumbir ante el extraño.

La caída de la capital azteca se condensa en el punto del desarrollo desigual de las fuerzas productivas, es la ruptura violenta del desarrollo natural de los pueblos mesoamericanos. En la mayoría de ellos aún privaban las relaciones gentilicias de la comunidad primitiva, empero, iniciaban a manifestarse los primeros destellos de la propiedad privada y el surgimiento del Estado como instrumento de clase, ello está expresado en las relaciones despótico tributarias con las que eran sometidos otros pueblos.

Al pueblo azteca le tocó corresponder con las necesidades históricas que demandaba el momento. Pudo ser otro pueblo, quizá, pero todos esos hubieras quedan en el terreno de la especulación y dada la extensión de las relaciones económicas en el viejo continente, pudo ser cualquier otra nación en expansión la colonizadora.

Hoy se quiere redimir a los pueblos tlaxcaltecas y otros para eliminar el estigma de traidores o falta de voluntad para combatir al conquistador, sin embargo, a la distancia significa la ruptura de una identidad que fue fraguada a lo largo de la historia, hoy, ellos pertenecen a la misma nación y sometidos a las mismas condiciones de desarrollo capitalista. Es verdad que, en su tiempo, los tlaxcaltecas tenían las mismas aspiraciones dentro del desarrollo socioeconómico, pero una cosa es aspirar a ser quien hegemonice las relaciones de dominio y otra es pactar alianzas con el conquistador europeo con el único propósito de asegurar la victoria y garantizar privilegios.

Sin duda los pueblos de Tlaxcala actual no se sienten traidores porque hoy antes que tlaxcaltecas y cualquier otra denominación somos mexicanos, en el presente hay que colocar los fenómenos en tiempo y espacio, y otra tratar de redimir un hecho para marcar el rancio sentimiento individualista y chovinista que rompe con la identidad entre oprimidos. En el fondo significa sembrar la discordia para evitar la acción unitaria con un mismo propósito contra el moderno opresor.

Los españoles se creyeron portadores de la civilización y veían a todos los pobladores del continente americano como unos bárbaros, pero tal consideración no puede observarse únicamente como un elemento subjetivista, en un actuar por convicciones, aunque a la distancia se vea como una actitud de barbajanes. Tal consideración no elimina el contexto socioeconómico que motivó el interés de ampliar el territorio a través de las colonias y asegurar fuente de materias primas para el naciente capitalismo en Europa.

La discusión no puede centrarse en el aspecto subjetivo que reduce todo a seres malvados que cometieron múltiples abusos, los hechos deben pasar por el crisol de la ley de acumulación originaria de capital, la cual, es en esencia violenta. Esa es la ley de la reproducción del capital, de tal manera, que el perdón a la distancia no sirve de mucho si los cimientos que favorecieron los atropellos que hoy son rememorados siguen intactos.

Los conquistados fueron los aztecas, no los demás pueblos, es la conclusión de algunos historiadores. En tal afirmación el sentimiento chovinista salta a la palestra para aseverar que el desembarco de extranjeros y el avance por tierras de lo que hoy es México, nunca lo consideraron amenaza, en consecuencia, no hay nada qué juzgar en la actitud de alianza con los conquistadores porque fue motivada por una aspiración libertaria del yugo tenochca, una verdad histórica se configuró: los pueblos originarios de América fueron reducidos a la esclavitud.

Las relaciones despótico tributarias que imponían los aztecas a otros pueblos son producto del desarrollo socioeconómico del momento, fueron ellos y pudo ser otro pueblo. Lo que no se puede eliminar es que empezaba a edificarse una identidad, misma a la que en ese momento se apeló para enfrentar al ejército invasor.

No sirve de mucho concluir el debate histórico respecto a las atrocidades que cometió el ejército invasor para reconocer que los indígenas que habitaban el continente americano eran seres humanos y no bestias, la brutalidad de los conquistadores no sólo puede explicarse por el racismo que profesaban, lo verdaderamente útil es desentrañar las leyes socioeconómicas que empujaron a la conquista de otros pueblos, a desarrollar una política de someter a otros seres humanos mediante la explotación del hombre por el hombre.

El casi exterminio de la población originaria de América no sólo fue porque “el racismo marcó casi todas las instituciones de dominio colonial”, sino porque en nuestra tierra fueron combinadas las relaciones sociales de producción propias del esclavismo, feudalismo y el naciente capitalismo. Esta situación hizo aún más extenuante la explotación, que cobró la vida de más del 90 por ciento de la población autóctona.

El perdón que el gobierno federal pide al gobierno español pierde objetividad en tanto que representa un elemento discursivo, en términos de esencia no modifica en absoluto las relaciones de producción que mantiene subsumidos en la miseria a millones de mexicanos. El perdón no modifica la base económica del capitalismo.

La derrota del ejército que defendió por tres meses la capital azteca ni siquiera se debe explicar a través de la alianza de los pueblos que deseaban erigirse como señoríos, el factor cuantitativo no fue el decisivo. El factor que marcó diferencia sustancial fue el desarrollo que las fuerzas productivas habían alcanzado en Europa, lo que permitió el conocimiento de la fundición del hierro para la elaboración de mejores armas, el dominio de la pólvora, entre otros pertrechos de guerra que eran desconocidos en Mesoamérica y Sudamérica.

Elucubrar sobre los hubieras tampoco es sustancial a estas alturas, el desarrollo que llevaban los pueblos de este continente fue roto abruptamente por la conquista, ello condujo a imponer relaciones de producción oprobiosas que sometieron a todos los pueblos existentes en Mesoamérica, aliados y conquistados sufrieron a la postre la misma explotación económica en la colonia.

La descolonización en los tiempos actuales significa la lucha por la superación del régimen oprobioso. El perdón promovido desde la voz institucional no coadyuva a adquirir conciencia de la necesidad histórica de superar las relaciones de explotación económica y opresión política actuales.

Es verdad que “los indígenas de la actualidad no somos los mismos que existieron en aquel momento”, por ello, emplear una nomenclatura con el propósito de redimir a quien no presentó resistencia o prefirió pactar la alianza para asegurarse continuidad, resulta absurdo. La resistencia cobra relevancia en el hecho de defender cultura, desarrollo e identidad, esto fue lo que marcó la lucha contra el invasor, hoy se concreta en la lucha por la superación cualitativa de este régimen oprobioso.

Le explicación de la condición socioeconómica que impidió un “encuentro terso” entre dos mundos se debe a la condición violenta del desarrollo del capitalismo. Hay testimonio de que tiempo antes, otros navegantes habían arribado a las costas de América, sin embargo, este hecho pasó inadvertido en razón de que las necesidades de apertura de nuevos mercados y rutas comerciales no estaban maduras.

En el dato histórico está expresada la condición violenta de la expansión capitalista, la rapiña y el saqueo fueron condiciones que dieron pauta al surgimiento de una casta de explotadores, quienes capitalizaron todo avance en la ciencia y tecnología para hacer revolucionar las fuerzas productivas.

El desarrollo desigual en Europa y América, la necesidad del metal con capacidad de cambio universal, fueron algunos factores que promovieron campañas de expedición para el descubrimiento de nuevas rutas comerciales. Fue la mezquina necesidad capitalista la que hizo avanzar el desarrollo de la humanidad, hoy esta condición se muestra contraria al progreso producto de la contradicción fundamental entre capital y trabajo.

Es impreciso el argumento de que la cantidad de oro sea risorio y que ello elimine el carácter trascendental de la conquista, independientemente de la cantidad del metal, lo que pasa a consideración es la imposición de un proceso de desarrollo de las fuerzas productivas con base en la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre, vigente hasta nuestros días.

La conclusión de que existe una apreciación desmedida de los mexicas (o aztecas) en la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan y México-Tlatelolco es producto de una visión fuertemente centralista, es inexacta. Éste pueblo manifestaba un desarrollo en ascenso, logró incorporar el avance en distintos rubros a su propio proceso. Situación que no fue a capricho de nadie en particular, esas son las leyes del desarrollo de la humanidad en todo el mundo.

Sostener que se le dora un exceso de importancia de este pueblo porque no toma en cuenta que tal condición fue únicamente durante el último siglo de la historia mesoamericana, una historia que trasciende a más de cuatro milenios, sin embargo, es una visión maniquea de interpretar los hechos históricos, parte de la premisa eliminar la ley de la concatenación universal, lo que explica en desarrollo ulterior de cierto fenómeno porque tiene punto de partida en lo más avanzado de ese momento.

Si la pretensión es que hoy renunciemos a toda esa herencia cultural de siglos de existencia del hombre en el territorio americano, que el sujeto sea observado de manera aislada, subsumido en un rol cíclico que no conduce a ningún lado, eso significa un anacronismo. La historia reclama ser juzgada desde el crisol de las leyes dialécticas del desarrollo de la humanidad, ésta no es tersa ni convulsa a capricho de nadie y tampoco es menester acomodar acontecimientos para satisfacer un ego personal.

El pueblo que logró asimilar todo el bagaje cultural, político y económico de ese tiempo fue el azteca, una condición ineludible del desarrollo socioeconómico de Mesoamérica, no fue a capricho personal ni voluntarioso. Si para algunos los acontecimientos hubiesen sido de mejor gusto si se desarrollasen de otra manera, ya no depende de nadie echar a atrás la rueda de la historia.

Ahora resulta que debemos negar nuestros antecedentes históricos, renunciar a todo el bagaje cultural que marca el tránsito de la humanidad a formas superiores de organización social. Eso sí es un anacronismo y un manejo pernicioso de la historia, negar que el pueblo mexicano tiene historia, una historia de lucha y resistencia. No se trata de la búsqueda de un nuevo emblema que sea la señal del surgimiento de una nueva sociedad, el horizonte está más que claro, destruir la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre.

Atentamente
¡Por la unidad obrera, campesina, indígena y popular!
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS

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