La vocación represiva es el signo distintivo de los gobiernos en Michoacán y Chiapas

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Ciudad de México septiembre de 2020

A la opinión pública

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La vocación represiva es el signo distintivo de gobiernos como el de Michoacán y Chiapas. La existencia de presos políticos, violaciones a los derechos humanos y la violencia institucional, son elementos que ilustran la continuidad de una política de gobierno que mantiene inamovible la naturaleza represiva del régimen. Prueba suficiente para insistir que no hay posibilidad de cambio por medio de las elecciones que sólo oxigenan al sistema.

La represión y la violencia de clase no manifiesta distinción con determinada sigla partidista, queda demostrado que los flagelos que laceran a las masas vienen de las administraciones priistas y panistas. Con el arribo de MORENA los efectos de un régimen represivo siguen vigentes, si bien hay cambios de matiz, gobiernos como el michoacano indican que no hay variación sustancial.

No queda claro por qué el gobierno federal insiste en el respeto a los derechos humanos cuando la realidad que viven las masas trabajadoras dicta lo contrario, a pesar del discurso del respeto a los derechos humanos, en diferentes entidades existen actos que vulneran a las organizaciones populares, estudiantiles, comuneras, magisteriales y pueblo en general.

El advenimiento de un nuevo proceso electoral para el siguiente año presenta el vaivén político en el reacomodo de las fuerzas políticas y económicas, donde el pueblo es quien paga las consecuencias de la represión y la violencia institucional. Lo que indica con claridad que no tienen ningún sentido otorgar la confianza en alguna sigla partidista si con todas ellas persisten los flagelos que laceran a las masas trabajadoras.

El anuncio de la inexistencia de la represión, crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos a dos años de gobierno es la expresión de los buenos deseos que no encuentran correspondencia con la realidad objetiva. Más que negar estos hechos, el compromiso debe centrarse en delimitar la responsabilidad de políticos de oficio y cuerpos policíacos en la objetivación de la violencia de clase.

La división de poderes en la federación es el argumento para deslindar la responsabilidad del Ejecutivo federal en el cometido de crímenes de lesa humanidad y la represión, empero, ésta es inexistente dado que en estos actos son ejecutados con la coordinación de elementos policíacos estatales y federales, y con el aval de las denominadas “mesas de seguridad” donde la voz preponderante es de funcionarios federales en la planificación de la represión.

Mientras la cárcel sea para castigar la voluntad de lucha del sujeto consciente, para pretender cercenar su capacidad creativa ante las injusticias que vive el país, sólo habrá una manera de definir la situación política, continuidad del régimen represivo. No importa cuánto se empeñe la palabra, la definición parte de la materialización de los hechos concretos.

Ni actos catárticos, ni crítica visceral, las masas organizadas en esfuerzos independientes somos parte de la crítica política, surge de la contradicción entre las condiciones materiales de existencia y la necesidad de superar ese oprobio. La demagogia y el uso de la mentira como forma de imponer una forma conceptual de definir los hechos deben ser desenmascarados con la exposición de la alternativa política que surge de las masas trabajadoras.

La existencia de nuestros compañeros presos políticos en Chiapas y Michoacán son la antítesis de lo que la voz institucional afirma, de la existencia de gobiernos estatales que hacen de la represión su política de gobierno. El silencio de la federación lo hace responsable por omisión en la extensión de la impunidad y violación a los derechos humanos, por ello, el tiempo que ellos pasen en la cárcel es el mismo que será sostenida una injusticia desde el poder federal.

El balance a dos años de gobierno y de los hechos concretos irrefutables, la reflexión deber ser concreta, ¿qué sentido tiene votar en las elecciones y ser parte de la oxigenación del régimen si no hay cambio sustancial en la política de represión y violaciones a los derechos humanos ? El pueblo tiene la última palabra.

Atentamente

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS


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