Tinta Socialista No. 122. Las fuerzas militaresimponen un estado de facto en contraposición del discurso oficial

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Ciudad de México a 04 de mayo de 2020

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La Guardia Nacional (GN) es la corporación policíaca que se encarga de objetivar la imposición del estado de facto en el país con la justificación de garantizar protección a centros de salud en tiempo de pandemia. Las medidas sanitarias que surgen producto de la atención al brote de coronavirus sirven de parapeto para desarrollar medidas autoritarias so pretexto del cuidado de médicos, hospitales y la población.

La incursión de la GN a un hospital del estado de Chihuahua es un hecho que no tuvo los reflectores mediáticos, ese acto echa por tierra la benevolencia con la que es presentada la recién creada corporación policíaca. No hay correspondencia entre el dicho federal y la realidad objetiva, porque es la coerción institucional lo que identifica a la emergencia sanitaria.

La manifestación de inconformidad de familiares y personal médico por el mal manejo de los insumos o la insuficiencia de los mismos, asimismo como la desinformación que priva en la atención brindada a los pacientes son hechos puntuales y tienen relación con la política privatizadora de la salud.

El personal sanitario que libra batallas incansables en la primera línea de combate contra el virus SARS-COV-2 se encuentra en una lucha desigual, con insumos insuficientes, en condiciones realmente ineficientes, todo ello producto de la imposición de políticas neoliberales que convirtieron en una vulgar mercancía todos los derechos elementales del ser humano.

Contrario a lo que afirman en el discurso oficial, los centros de salud anuncian que su capacidad está rebasada, por lo que instan a la población a tomar otras medidas, esto es el indicativo de que no hay correspondencia entre lo que se afirma en palabras y que no hay relación en los hechos concretos.

La contingencia no se libra con fusiles de asalto entre los consultorios, ni con guardias embozados en las entradas, el pueblo necesita médicos y un sistema de salud fortalecido. Aquellos quienes en su momento exigieron mejores condiciones de trabajo y recibieron omisiones a sus peticiones.

Las autoridades sanitarias pretenden pasar la responsabilidad de los contagios al individuo, en el nulo cuidado que tiene o en su negativa de atender las disposiciones oficiales, pero tales conclusiones no toman en cuenta que existen sectores del pueblo que no puede dejar de buscar el sustento dada su condición precaria de existencia.

Los militares en las calles que incitan al pueblo a mantenerse en sus hogares pretenden irradiar una imagen de quien se preocupa por la salud, empero, mediante estas acciones buscan acostumbrar a la población a un ambiente de coerción para tiempos más complicados, es decir, la ruta que describe el capitalismo en el mundo es de crisis cada vez más recurrentes su no es resuelta la contradicción inherente que priva en su interior.

Nadie pone en tela de juicio la letalidad de la nueva cepa viral, como tampoco que el ejército de batas blancas libra ingentes batallas contra los contagios, pero lo que también es real es que esta pandemia sacó a relucir la podredumbre que existe en el sector salud, de los turbios negocios que existen entre empresarios y políticos de oficio, en suma, la descomposición del régimen producto de las políticas neoliberales.

La implementación del Plan DNIII de la Secretaría de la Defensa Nacional y el Plan Marina de la Marina Armada de México son el indicativo de la imposición de medidas autoritarias, es el signo inequívoco de que está invertida la fórmula en la conceptualización del fenómeno sanitario, es decir, se ve como el negligente y ocioso al pueblo que debe salir diariamente a buscar su sustento.

Ninguna persona tiene el propósito desleal de llevar la contraria a la disposición sanitaria oficial, muchos quisieran tener la posibilidad de tener un ahorro suficiente para sortear semanas enteras sin salir de casa, sin embargo, esta condición es sólo un privilegio de un sector muy reducido de la sociedad, parte de la burocracia institucional, de algunos trabajadores sindicalizados y en general, los bufones de la sociedad moderna.

La toma por asalto de las instalaciones médicas por parte de elementos de la GN donde el personal médico manifestaba su inconformidad por la ausencia de insumos hospitalarios otorga indicios del papel de estos cuerpos policíacos en estos tiempos de contingencia, el discurso de autosuficiencia y solvencia de la capacidad de los hospitales contrasta con lo que denuncia el personal médico que en ellos labora.

La crítica esbozada por trabajadores de la salud en varios rubros tiene sustento real, es verdad que son muchas las historias de proezas que vencen al nuevo coronavirus, pero no debe ser el argumento para minimizar que el sistema de salud en México es tan endeble que pone en riesgo a sus propias fuerzas médicas.

Dejar toda la responsabilidad del desbordamiento de los hospitales para tratar el coronavirus al neoliberalismo es una verdad a medias, porque con ello deja de lado a los beneficiados de esta política económica, políticos de oficio y empresarios, de los primeros algunos aún figuran dentro de puestos públicos y de los segundos, aún hacen negocios a costo de la salud humana.

El reto humano ante la pandemia es real, pero su solución no estriba con mecanismos autoritarios ni con redes de distribución de insumos que lucran con el beneficio colectivo, la denuncia general es que el material hospitalario no llega a sus principales puntos de necesidad, ello se traduce en complicidades y corruptelas para hacer negocios con la necesidad de preservar la salud.

El pueblo no puede pecar de ingenuo, varios quieren creer que el nepotismo fue arrancado por decreto, o que la corrupción desapreció de forma cuasi mágica, pero cada hecho no hace más que confirmar que éstos son males enquistados en las entrañas del régimen y que no son modificables mientras sea sostenida la misma estructura burocrática.

Confiar ciegamente en el nuevo uniforme que visten los militares es un privilegio que no se pueden dar las masas trabajadoras, existen muchas razones para mantener el sigilo en el actuar de estos cuerpos castrenses, por ejemplo, cómo confiar en la insignia que tuvo secuestradores en sus filas, que cometió crímenes en su pasado reciente y que hoy cambiaron su forma de actuar sólo porque así lo afirma el nuevo inquilino de Palacio nacional.

No es la intención generalizar, pero aún no hay elementos que ayuden a pensar de otra manera. Los cuerpos policíacos y militares han tenido las funciones de imponer los deseos de cierto grupo empresarial y hasta el momento no hay indicios que digan lo contrario.

Si los centros hospitalarios funcionan al límite ¿Cuál es la razón para maquillar esta verdad? Si no hay médicos suficientes para el combate, ¿de qué manera se hará frente a esa realidad?, lo cuestionable es el exceso de optimismo que no encuentra sustento en la situación que vivimos los mexicanos.

El pueblo necesita información veraz, saber de qué manera se hará frente al pico de la pandemia, no ocupa militares en las calles. El conocimiento objetivo y científico es crucial para llamar al actuar colectivo ante fenómenos de esta naturaleza, de ninguna manera la solución vendrá de acciones triviales y de frivolidad que llaman al hombre a actuar contrario a su propia esencia humana.

La superchería, el misticismo y la charlatanería no son buenas consejeras en problemas tan mundanos como la manifestación del movimiento biológico de la materia. Eso reclamamos las masas trabajadoras, conocimiento científico y no frases hueras de optimismo que rayan en lo metafísico y vulgar.

Atentamente
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS


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