Tinta Socialista No. 111. La UNAM como tribuna de denuncia y espacio de discusión política

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Ciudad de México a 14 de febrero de 2020

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La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es uno de los espacios de discusión política más amplios del país, es tribuna de denuncia porque en ella convergen infinidad de tópicos de toda la geografía mexicana, desde asuntos políticos, económicos, científicos o culturales, todos sin duda encuentran un oído receptivo en la máxima casa de estudios y a la vez es elemento de acción entre alumnos y académicos.

Las distintas expresiones político organizativas que mantienen en paro varias de las facultades es el signo inequívoco de la intensa actividad política que vive la UNAM como centro de estudios, no siempre existe homogeneidad política entre las manifestaciones de descontento, pero es sin duda, la materialización de la crítica de la juventud.

La demanda estudiantil que tuvo origen en la exigencia del cese al acoso sexual al interior de distintas facultades, hoy se trocó en planteamientos de diversa índole, todas ellas en estricta correspondencia con las necesidades académicas del alumnado y académicos, sin embargo, llama la atención el esfuerzo gubernamental y de la rectoría de restar importancia a tales planteamientos con lo cual abren el camino a la estigmatización del alumnado inconforme.

El rector Enrique Graue insiste en sostener que son un grupo de personas ajenas a la universidad que buscan desestabilizarla, mientras que el titular del Ejecutivo federal asegura que hay “mano negra” al interior de las expresiones de descontento. Sin son ajenas o no, eso no elimina la legitimidad de la demanda principal, máxime cuando en días recientes las autoridades universitarias se has visto omisas en hechos que incluso cobraron la vida de estudiantes.

Lo perverso de tales aseveraciones es que buscan nulificar la esencia política de la actividad de protesta, pretenden conducir a la opinión pública a la conclusión de que los jóvenes inconformes son una bola de necios que no entienden razones, hecho que busca justificar las acciones represivas. Lo paradójico es que según no son de la UNAM, sin embargo, el plantel los acaba dar de baja.

La política universitaria como la gubernamental encuentran un punto de coincidencia, criminalizar al pueblo inconforme, en este caso a la juventud de la UNAM. Es la maniobra ruin que pretende confrontar pueblo contra pueblo, en el supuesto de que son más los que sí quieren recibir clases.

La heterogeneidad política es un hecho real en un universo amplio de concepciones ideológicas, sin embargo, hay elementos de coincidencia que fue capaz de hacer converger a varios colectivos estudiantiles y activistas en demandas justas, lo que lleva a la conclusión que en determinado momento la unidad de acción es fundamental.

Aseverar que el rostro cubierto de quienes participan en los “paros” es un acto autoritario o que alguien ajeno “mueve la cuna”, son declaraciones erradas que no colocan el fenómeno en su exacta dimensión. En tales condiciones sólo es posible partir del maniqueísmo, quien está con el gobierno federal le llueven loas, pero quien cuestiona y crítica actúa en la sinrazón y es un autoritario.

Cuando el pueblo busca cubrir su rostro no es por un asunto de pose, es un mecanismo de seguridad, es bien sabido que existe una política de seguimiento para armar expedientes incriminatorios, por ello es una maniobra burda sostener tal absurdo.

Esa medida política adquiere un matiz totalmente opuesto cuando es el policía, el militar o integrante de la Guardia Nacional quien cubre su rostro, porque ello les permite impunidad, imponer medidas autoritarias a través de las violaciones a los derechos humanos. No existe comparación para suponer que ellos sí tienen derecho a cubrir su rostro y el pueblo que hace lo mismo es para actuar al margen de la ley.

La estigmatización tiene origen en conceptos retrogradas vertidos desde Palacio Nacional, es inverosímil insistir en poner la otra mejilla, es un acto de indolencia que no pondera la realidad de lo que acontece en la máxima casa de estudios. Así como el Ejecutivo federal tiene sus referentes para intentar imponer una metodología que no corresponde con la realidad mexicana, el pueblo crea sus propios que lo llaman a resistir combativamente.

Nadie recurre a la fuerza bruta, es la acción política de masas que tiene la misma proporcionalidad al oprobio que genera el régimen. Es irónico que ahora el epíteto más socorrido por la voz institucional sea que los “radicales de izquierda” actúan al margen de la razón por lo que la única forma de sobresalir sea imponerse sobre la minoría.

Resulta que ahora ya no hay razón para movilizarse, el pueblo debe conformarse con promesas llanas que no tienen un reflejo en la realidad. ¿Cuál es la diferencia con aquellos que en su momento acusaron al actual titular del Ejecutivo federal de ser un “peligro para México”? en esencia no hay diferencia, sólo es el matiz y las palabras, en los hechos es estigmatización y criminalización.

En el terreno de la lucha ideológica no hay equidad, porque la voz institucional tiene todos los reflectores y micrófonos para hacer escuchar su opinión, pero al pueblo le es impuesta la censura y autocensura. Toda opinión que disienta en lo más mínimo es de facto estigmatizada como conservador.

La tesis de “la no violencia es una vía” es un sofisma, en los hechos no tiene materialización concreta, porque tal aforismo no contempla que la violencia tiene un carácter de clase, que emana única y exclusivamente del aparato de Estado, sin importar si el titular o personero gubernamental lo distinga tal o cual sigla partidista, su función es imponer la voluntad de unos cuantos empresarios.

¿Pruebas? ¿A cuántas organizaciones populares se les recibe de manera expedita en las instituciones gubernamentales para atender sus demandas? En realidad, muy pocas, primero viene la coacción, pasa por el tamiz de si está o no de acuerdo con la presente administración. ¿Cuál es el trato que recibe el pueblo que está organizado de forma independiente? Es la represión, la indolencia, el burocratismo y el estigma.

¿Cómo son tratados los empresarios, aquellos que en su otrora pasado eran la “mafia del poder”? Ellos tienen sus intereses garantizados, tienen las puertas de Palacio Nacional abiertas de para en par, su voz es susurrada todos los días al oído del presidente a través de la voz de representante de la oficina de la presidencia. En suma, no hay correspondencia con la insistencia de gobernar para los pobres.

Hay verdad en lo que infiere la voz institucional, no hay razón para suponer que es lo mismo. Existe diferencias importantes, la primera es que los mecanismos para ejercer la represión son más sutiles, en primer momento buscan allanar el camino de los actos represivos a través del estigma y la descalificación; segundo, la mentira envuelve la verdad oficial para pretender pasar como necesidades del pueblo los deseos de empresarios voraces.

Entiéndase, no podemos permanecer apacibles cuando vemos cómo articulan toda una andanada de epítetos que pretenden abrir paso a la represión, ese el trato que reciben todas las expresiones del pueblo que manifiestan su descontento, por ello, nuestra opinión es a partir del análisis de la realidad concreta y no con especulaciones subjetivistas.

Los centros universitarios como la UNAM seguirán como baluartes políticos para llamar a la solidaridad, serán cajas de resonancia de los problemas sociopolíticos que padecen las masas trabajadoras, por ello, la solución a las demandas planteadas de los diversos planteles no transita por la ruta de la descalificación y el vituperio.

La juventud consciente empieza a ubicar su papel al lado de los oprimidos de campo y la ciudad, también a quienes utilizan la demanda estudiantil para sus fines particulares o de grupo. La adquisición de formas de organización y lucha constituye la asimilación de experiencias para corresponder con la necesidad de la transformación social.

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS


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