Tinta Socialista No. 102. La recuperación de la memoria histórica es premisa para las masas trabajadoras

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Ciudad de México a 21 de noviembre de 2019

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Conservar en la memoria colectiva la esencia de lucha de la historia mexicana es una exigencia metodológica de las organizaciones populares. El devenir del país se fraguó en una confrontación entre los explotadores y explotados, contradicción que permanece hasta nuestros días y que manifiesta claros indicios de agudización y profundización producto de las crisis económica y política del régimen.

Nuestro país recordó el CIX aniversario de la Revolución mexicana, un acontecimiento que marca un momento más en que la participación de las masas trabajadoras empujó a hacia la superación de lo caduco por lo nuevo, sin embargo, desde la oficialidad se le conmemora como una fecha de despilfarro y consumismo.

Es un absurdo que la voz presidencial justifique los mecanismos neoliberales y empresariales para atar a las masas trabajadoras a las cadenas de la realización de las mercancías vía crédito. Es una bufonada sostener que Ricardo Flores Magón luchó por mejores condiciones de vida para el pueblo trabajador, por ello, el “buen fin” es la coronación de esa lucha que planteaba el ideario del fundador del Partido Liberal Mexicano (PLM).

La jornada de dispendio impulsado por diversas firmas empresariales denominada eufemísticamente “bien fin” es una maniobra para sacar de los aparadores múltiples mercancías que están varadas, ello significa reforzar los grilletes de la opresión, de ninguna manera representa la concreción de los principios del magonismo.

Es verdaderamente una ofensa a la inteligencia humana que tales argumentos salgan a la palestra del discurso oficial cuando es palpable lo inhumano que constituye la venta de mercancías a crédito, éste representa el robo más vil al pueblo, con tales mecanismos comerciales, los dueños de empresas esquilman hasta la última gota de sudor de las masas proletarias.

Hay una extensa gama de perversión en la utilización de los referentes históricos para intentar justificar determinada política de gobierno. En lugar de cuestionar la esencia neoliberal de la venta a crédito de las mercancías, el gobierno aplaude esta medida porque según su lógica, si “una persona compra una pantalla, un refrigerador… eleva su condición de vida”.

Es completamente diametral el anuncio del fin del neoliberalismo cuando sus elementos y mecanismos de mercado se mantienen intactos. La hegemonía del capital especulativo es real al grado que logra imponer jornadas comerciales con las cuales logra asegurar la reproducción del capital y pone en circulación parte del capital sonante en una jornada de consumo.

No hay nada de honesto en el hecho de producir una mercancía y establecer su valor de cambio si se otorga el equivalente en una sola emisión o si se realiza a crédito, porque de esta segunda manera el precio es elevado a propósito para que al final de la ecuación la mercancía sea pagada en por lo menos 50 por ciento más de su valor inicial.

En eso fue convertida la efeméride histórica de la lucha de nuestro pueblo, en una jornada de consumo y enajenación. En la rememoración de quienes traicionaron los intereses del pueblo y asesinaron a los verdaderos representantes de las masas trabajadoras. Los explotados y oprimidos no tenemos nada que festejar, porque quienes se encumbraron en el poder son los explotadores de siempre.

Fue la burguesía como clase dominante la que se abrogó el triunfo de esta gesta heroica, una vez que escamoteó las demandas de las masas campesinas y asesinó a los verdaderos caudillos populares. ¿Eso es lo que llaman a festejar? La traición, la maniobra, la mentira y la deshonra. No hay nada de digno en vivir al amparo de la sangre derramada del pueblo trabajador.

La insistencia en diluir la contradicción social entre una minoría empresarial y la enorme mayoría de desposeídos es un axioma metafísico, la realidad no hace más que reafirmar que el mal de la sociedad es la existencia de la propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre y desigualdad social que ésta genera.

El representante de la clase en el poder puede congratularse de la victoria de los constitucionalistas sobre los ejércitos “rebeldes”, ellos pueden aplaudir que ese fuera el desarrollo de los acontecimientos porque de esa manera son quienes resultaron beneficiados, lo que es inadmisible es que algunos sectores populares se presten a la comparsa sólo con la fútil promesa de una “transformación verdadera”.

Con insistentes aforismos se pretende olvidar la esencia combativa del pueblo, el carácter que asumieron las masas campesinas después de tanto oprobio no fue motivado por el capricho personal o movidos por el resentimiento social. A la reacción porfirista sólo pudo ser enfrentada de una manera, con la revolución, por ello resulta una perogrullada que ahora salten sofismas como “movimiento social armado”.

La historia la escriben los vencedores, es una tesis que se comprueba por enésima ocasión en los actos de “conmemoración”, es la interpretación de una clase que sabe que en determinado momento las masas despertarán del letargo al que las han sometido durante tantos años. Sin embargo, en el pueblo queda la sensación de que algo no camina bien y es preciso saber de se trata para diseñar una alternativa.

Cada que llega una fecha en el calendario que evoca al pueblo a despertar esa capacidad creativa, las instituciones del régimen impulsan una serie de actos que mutilen ese rasgo distintivo de la especie humana y en particular de las masas trabajadoras. Eventos de catarsis colectiva, actividades de consumo enajenante y la tergiversación de la historia, son elementos constantes con el objetivo de cercenar al sujeto histórico.

En tiempos de crisis y de severo cuestionamiento al régimen socioeconómico imperante a nivel mundial, es cada vez manifiesto la aversión gubernamental a la combatividad de las masas. No es casual que en el programa de gobierno exista la implementación de un sin número de paliativos para mediatizar al pueblo y de manera específica a la juventud proletaria.

Nadie clama a la violencia porque ésta ya existe y tiene el sello y la patente de la clase dominante, no importa cuánto empecinamiento haya para asegurar que ya hay respeto a los derechos humanos, porque la realidad contrasta diametralmente con el discurso.

La recuperación de la memoria histórica es una necesidad imperiosa de las masas trabajadoras, reconocer en cada acontecimiento el acervo metodológico que legaron los verdaderos representantes del pueblo contra el oprobio que generaron las clases dominantes y asumir con creatividad las actuales exigencias para la conquista de las necesidades más sentidas de los trabajadores del campo y la ciudad.

Ni “movimiento social armado” ni cualquier otro esperpento, fue una revolución en todas sus letras, aunque al final quien haya capitalizado el triunfo fuera la naciente burguesía mexicana. Quien se espanta de su historia, por muy escabrosa que ésta sea, se convierte en un timorato que se asusta de su propia sombra.

Necesario es conocer la historia de nuestro país, pero ésta debe estudiarse desde una visión de la lucha de clases para interpretar los fenómenos socioeconómicos que dieron origen a las grandes transformaciones revolucionarias en el país, nos llama a conocer sobre los héroes populares que emanaron de las masas trabajadoras y dieron el salto cualitativo para luchar con los suyos por mejores condiciones de vida.

Atentamente

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS


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