Tinta socialista No 83. La combatividad del pueblo organizado es la expresión de la crítica política al régimen

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Ciudad de México a 17 de junio de 2019

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Los símbolos de lucha proletaria son la expresión de la crítica política del pueblo trabajador ante las políticas económicas y privatizadoras del régimen neoliberal; formas y métodos de lucha combativa que desnudan el carácter represivo del Estado mexicano. El paliacate, las pintas o los mecanismos de protección colectiva son el emblema que identifican las diferentes expresiones políticas que dirigen y movilizan la voluntad de luchar del pueblo explotado y oprimido.

El ritmo que lleva la lucha de clases en el país define el desarrollo político, la táctica, la estrategia y el método de lucha a seguir en el conjunto del movimiento popular para enfrentar la política represiva del Estado mexicano. Si la violencia institucional va en aumento, el terrorismo de Estado continúa en todo el territorio nacional y el Estado policíaco militar se fortalece con la creación de una policía militarizada, las masas organizadas tienen el legítimo derecho de emplear formas de autoprotección colectiva para no ser víctimas de estas políticas nefastas.

Desde los pasillos del gobierno mexicano y en algunas organizaciones populares, el rostro embozado en una acción política de masas significa “violencia”, “anarquía”, “pandillaje” o la discrecionalidad para la realización de “actos delincuenciales”, razonamiento que vertido desde las instituciones y políticos de oficio es comprensible por los intereses político y económico que defienden; pero cuando esos señalamientos se vierten en el seno del movimiento popular, consciente e inconscientemente secundan la versión del Estado, olvidan que los enemigos del pueblo son los que explotan, oprimen, cometen crímenes de Estado y de lesa humanidad y mantienen en la pobreza y la miseria a millones de hogares proletarios.

¿Por qué la indignación cuando se plasma el rostro de los detenidos desaparecidos en las paredes de las instituciones judiciales o cámaras empresariales?, si éstas son las responsables de materializar las desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y tortura, son las garantes de la pobreza y miseria en la que está sumergido el pueblo trabajador.

Las pintas son parte de la propaganda política y una forma de ejercer lucha política, así como la distribución de un volante, la revista, una postal, un tríptico, folleto, artículo o cualquier otro medio que sirva para difundir las arbitrariedades gubernamentales de las que somos objeto, así como nuestra alternativa política e ideológica a los demás sectores populares, entonces, ¿por qué estremecernos cuando un hermano de clase manifiesta su descontento a través de esa manera?

El gobierno mexicano y sus voceros intentan por todos los medios descalificar la combatividad de las masas, argumentos con los que pretende aislar a las organizaciones independientes de los demás sectores del pueblo; política represiva que desde antaño utiliza para preparar el terreno que justifique la represión y el cometido de crímenes de lesa humanidad; en ese sentido, las organizaciones que secundan estas versiones o ven mal a sus hermanos de clase por materializar esa forma de lucha, ya sea consciente o inconscientemente, secundan la versión del Estado y con ello contribuyen a la descalificación, criminalización y estigma del pueblo organizado.

En asuntos de política nada es personal o de “amistad”, independientemente de quien esté en la silla presidencial se convierte en el representante del Estado mexicano y en el administrador de los intereses oligárquicos, como tal, se les exige la solución a las demandas populares, ya sean políticas o económicas. Quien pierda de vista esta condición en la lucha de clases expresa poca claridad política y una conciencia de clase endeble para ubicar a los enemigos del pueblo y enfrentar su política criminal, donde quiera que esté su práctica política marchará al furgón de los acontecimientos con la idea secundar los parámetros oficialistas de movilización dentro de la denominada “civilidad”.

¿Quién define lo que es violento y lo que no?, ¿de dónde vienen los conceptos de movilizaciones pacíficas?, desde el gobierno mexicano, los empresarios y grupos oligárquicos difunden a través de los medios de comunicación, campañas de descrédito hacia las organizaciones populares que de manera combativa exigen la presentación con vida de todos los detenidos desaparecidos para generar el rechazo de las masas trabajadoras que no están organizadas.

Pareciera que las razones de luchar se terminaron cuando arribó a la silla presidencial un gobierno “del pueblo y para el pueblo”, no obstante, si ponemos las cosas en su justa dimensión, ¿qué intereses representa la actual administración?, ¿por qué la violencia desenfrenada no termina y el terrorismo de Estado cobra más víctimas del pueblo trabajador?, por la sencilla razón de que la base económica que sostiene el modo de producción capitalista está intacto, permanece con un representante más en el Ejecutivo Federal.

Cubrir el rostro en una marcha no es un acto que represente la violencia o delito alguno, es un símbolo de resistencia que sirve como medida de protección colectiva ante las políticas de hostigamiento o criminalización de la protesta popular; para el gobierno mexicano todo aquello que realice el pueblo y afecte los intereses del capital monopolista nacional y del extranjero es un delito, es un acto violento que vulnera el estado de derecho burgués.

Si para el Estado es un acto violento ponernos el paliacate en el rostro, ¿por qué desde el movimiento popular nos asustamos o inconformamos?, ¿por qué hacer separaciones de marchas violentas y no violentas?, si estas obedecen a una necesidad política, corresponden a las expresiones del pueblo organizado ante la violencia institucional. De lo contrario, ¿por qué los agentes del Estado toman fotografías a los rostros de los compañeros?, ¿a quién se las entregan y qué hacen con ellas? Cuestionamientos que en la vía de los hechos se responden con el cometido de más crímenes de Estado de manera selectiva y con la elaboración de expedientes policíacos que criminalizan la lucha popular.

El machete, el palo, la resortera o la bandera en las marchas son instrumentos de trabajo que, en las actividades políticas como el mitin, volanteo carretero o mesas informativas son instrumentos de protección colectiva, que expresan el grado de desarrollo organizativo y combativo del pueblo ante la violencia institucional engendrada desde el gobierno mexicano.

Las consignas políticas desnudan el carácter opresivo del régimen y el Estado burgués, en las movilizaciones expresan el grado de conciencia política del pueblo trabajador y la combatividad de éste ante la exigencia de sus demandas, quienes acuden a éstas en silencio expresa la ignorancia política y las causas de lucha que manifiesta el momento histórico.

Las diversas formas de organización que expresa el pueblo inconforme enuncian la creatividad, la claridad y el grado de conciencia política en torno a un interés de clase, también expresan el desarrollo y la metodología, táctica y estrategia de lucha, que pueden adquirir un carácter combativo o pasivo en la denuncia o acciones políticas de masas.

La organización que carece de metodología, táctica y estrategia de lucha difícilmente puede desarrollar formas de organización y lucha combativa; con facilidad son absorbidos por la política institucional y las formas burguesas de organizar el descontento popular, tratan de conducir por los cauces pacíficos la voluntad de lucha del pueblo inconforme, sin que llegue afectar los “intereses de terceros” para que el gobierno mexicano resuelva las peticiones planteadas.

La organización popular con carácter combativo es una necesidad política, ésta se desarrolla en la medida que el gobierno mexicano responde a las exigencias del pueblo; las movilizaciones pacíficas sólo conducen al pueblo a la frustración y el desánimo, avancemos y convenzamos a los demás de la justeza de nuestra lucha.

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS


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