Tinta socialista No 69. La violencia institucional es la expresión de la descomposición del régimen

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06 de marzo de 2019

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La violencia que azota al pueblo trabajador es la viva expresión de la descomposición del régimen, producto inherente de la imposición de las políticas neoliberales que no sólo empobrecen a la mayoría de la población sino también la someten a un proceso intenso de deshumanización a las masas trabajadoras que las lacera en su humanidad y en la psique.

El incremento considerable de los índices delictivos es un fenómeno socioeconómico que no se puede analizar sin concatenarlo con el modo de producción que le dio origen. El capitalismo es la formación socioeconómica cuya base estructural es la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre; hecho que degrada al ser humano para la obtención de mayores cuotas de plusvalía a la clase que tiene el poder político y económico.

De esta base económica emanan los aspectos que dan vida a la superestructura jurídica, ideológica, política, social, cultural, educativa o moral; formas de conciencia social que edifican las instituciones, el Estado, las leyes que amparan y protegen a una minoría en detrimento de la mayoría, por tanto, cada uno de esos fenómenos son inherentes al capitalismo, es ilusorio modificarlos sin transformar de raíz la esencia que le da sustento.

La violencia es un fenómeno inherente al capitalismo, emana de la estructura económica, los deseos gubernamentales de incentivar la iniciativa privada y la extranjera obedece a la necesidad de incrementar las tasas de ganancia de los empresarios, a sostener la base económica que le da sustento a este modo de producción, por ende a mantener el poder político y económico.

El intento de terminar con la violencia es bueno, no obstante, se coloca el fenómeno a un asunto moral o educativo al señalar que ésta existe porque no hay educación y trabajo para el pueblo, por tanto, es necesario generar más empleos, más instituciones educativas para erradicarla, sin embargo, son concepciones que en los hechos criminalizan la pobreza.

Desde las instituciones se criminaliza al pobre, se le pone la etiqueta de “delincuente”, “malviviente”, “holgazán”, “parásito” para concluir que el problema viene desde el seno familiar; deja en el olvido que la esencia son las bases que le dan sustento a la descomposición social, a la deshumanización e indolencia de la población en general.

La Ciudad de México (CDMX) es un caso particular de lo que sucede en las grandes ciudades industriales de todo el territorio nacional respecto a los índices de violencia. Diariamente los ciudadanos viven estas experiencias dolorosas en sus hogares, trabajo o escuela, en todo lugar está presente.

El gobierno anterior trató de ocultar de manera demagógica la violencia, intentó vender la idea de que ésta existía en otros lados del país, pero no en la ciudad, la verdad es imposible ocultar, sólo era tiempo de que brotara tal cual es. En ella están involucradas instituciones, policías, políticos de oficio y empresarios, es un caudal de corrupción y de violencia en sus diferentes expresiones.

Los asaltos en transporte público, asesinatos de mujeres, robo de infantes, vejaciones y abuso sexual, hostigamiento, pobreza o miseria, son algunas de las manifestaciones de esta violencia, qué fácil es argumentar que ésta se encuentra únicamente en los cinturones de miseria de la ciudad y con ello eludir que el origen se encuentra en las necesidades no resueltas de las masas proletarias y que existe un proceso incesante de mermar la creatividad humana por medio de la enajenación.

La forma más sutil de cercenar al ser genérico es sometiéndolo a una condición social y económicamente lacerante, a una permanente situación que le inhibe su capacidad transformadora, es la forma de aniquilar a la juventud proletaria y condenarla a una condición precaria tanto física como psíquicamente.

Las medidas que ejecuta el gobierno de la CDMX son con la intención de ejercer control social mas no acabar con la violencia desenfrenada que existe en esta entidad federativa. Los elementos policíacos por el simple hecho de ver gente humilde los detiene con prepotencia y señala como presuntos sospechosos de cometer algún ilícito, situación que objetiva la política de gobierno a seguir en toda la administración.

La violencia no es exclusiva contra un sector, afecta a todo el pueblo trabajador sin distinguir edad, sexo, es en proporción de la descomposición social producto de una política económica y de la criminalización del pobre. El asalariado es sometido todos los días a la explotación, compite con su mismo hermano de clase con tal de llevar el sustento para su familia, motivo por el cual no piensa en ver a su vecino como hermano de clase sino como uno más que puede arrebatarle su trabajo.

La descomposición social surge por estas contradicciones sociales, entre hermanos de clase se destruyen las relaciones afectivas de camaradería y solidaridad, sólo permean aquellas que satisfacen sus necesidades humanas y personales. Por eso si ven que a alguien lo están asaltando no se meten, si a alguien le disparando se esconden, si se encuentra un muerto en la banqueta se pasan del otro lado para no ser señalados o por protección.

Hoy se conoce la violencia que aqueja a la mujer, sin embargo, el enfoque no es el más adecuado en tanto que al hombre y a la mujer son sometidos a la misma espiral de violencia, los trabajadores en general son sometidos a este deleznable hecho. Acontecimiento que confirma la tesis de que la violencia tiene origen y sello de clase.

Los consejos de autoprotección o defensa personal para las mujeres promovidas desde la institucionalidad y los medios oficiosos son burdas porque no se ataca el fenómeno desde la raíz, con ello el gobierno asienta que si existen los hechos, pero no cuentan con los medios para combatirlo. En lugar de dar consejos de autoprotección o defensa personal para las mujeres se debe atacar la esencia que tiene relación en las estructuras del Estado.

Los operativos policíacos en el transporte público en la CDMX sólo abonan a la criminalización de la pobreza y a generar un ambiente de zozobra en la población; bajar al pasajero para una revisión de rutina no soluciona el problema, al contrario lo exacerba, porque ven al pobre como el “delincuente” que pueden encontrar para justificar la violencia desenfrenada.

En las colonias señaladas como “focos rojos” o donde está el pueblo organizado es donde mayor presencia policíaca hay, incluso algunos elementos vestidos de civil hacen la labor de investigación con la intención incriminar a la juventud y al asalariado. En el caso de los lugares organizados fuera de los marcos corporativos es el pretexto para de criminalizar su lucha que es justa y digna.

Los secuestros, las violaciones, las vejaciones sexuales o los asesinatos son organizados, estructurados y diseñados desde las estructuras del Estado, erróneo sería pensar que las cometen personas “malas o perversas” o simplemente porque son “violentas”, en ellos están involucrados funcionarios, empresarios, policías o militares. Expresión de la crisis política del régimen que se manifiesta en la descomposición social, en la violencia desenfrenada que no cesa, en la anulación de los derechos y libertades políticas.

Intentar solucionar el problema con programas asistenciales mediatiza el pueblo, con unos cuantos pesos no se acaba la pobreza, mucho menos la miseria, son panaceas que ocultan las intenciones políticas y económicas de los gobiernos en turno, también de los oligarcas quienes son los que mayores beneficios obtienen de estas políticas neoliberales.

La violencia va de la mano de la corrupción, del despojo, del robo con violencia de donde brotan a cada determinado tiempo nuevos “hombres de negocios”, es el caso de la red de corrupción de las empresas constructoras de la CDMX que desnudó el sismo el año pasado, los hombres del sistema se enriquecieron, empresarios de viejo cuño y de políticos de oficio vinculados al PRD que vieron incrementar sus cuentas bancarias sólo es posible explicarse a partir de la red de corrupción, del despojo legal y de la impunidad que prodigan las instituciones.

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS


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