¿Quiénes son los conservadores? ¿Quiénes son los de “extrema izquierda que se oponen a la transformación”?

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Ciudad de México a 11 de febrero de 2019

A la opinión pública

Existe en el discurso oficial una cantaleta de tildar toda acción de protesta como expresiones de conservadurismo, provenientes de posiciones “radicales de izquierda” o entes que “no quieren la transformación”… son sentencias que dejan mucho que desear de quien se dice defensor del pueblo y presupone quien acusa de una condición a otro lleva en el acto la característica de estar identificado de aquello con lo que acusa.

El mandatario federal pretende encuadrar todo el discurrir nacional en la existencia de actitudes intransigentes únicamente porque él es quien representa el escaño más alto de la institucionalidad burocrática, con ello asume una actitud reduccionista que omite las razones socioeconómicas que determinan la protesta popular.

La llegada de una nueva administración al poder ejecutivo no modifica sustancialmente las condiciones materiales de existencia de millones de trabajadores mexicanos, no hay justificación para sostener un juicio obcecado que minimiza la precariedad material que dejó la implementación de las políticas neoliberales, las cuales no cambian de manera cuasi mágica con el arribo de nuevas siglas partidistas al poder político, por muy sinceros que sean los deseos personales del titular de ejecutivo.

Son insustanciales las acusaciones que esgrime el actual mandatario en las cuales tipifica de intransigentes a quienes exigen un cambio real en la política mexicana y éste se vea materializado en la cotidianidad de las masas trabadoras. Lo único que denuncian tales afirmaciones es que quien está empecinado de asumir una actitud provocadora, conservadora e irracional es él, porque todo lo pretende conducir al terreno de lo personal, al sentimiento del enojo y la perorata.

Es lamentable que el presidente de la República acuse de “conservadores y de radicales de izquierda” a quienes exigen soluciones puntuales a demandas no escuchadas durante los gobiernos anteriores. En esta tónica cuánto hace falta para que declare un sentimiento anticomunista, para que lance sus acusaciones contra todo el conjunto del movimiento popular de carácter independiente.

Suponer que quien no lo apoyó cuando estaban en “lucha” hoy son los que salen muy “radicales” es una visión reducida del fenómeno. En esta lógica, quienes luchan de manera independiente no tienen derecho a exigir el cumplimiento de sus demandas más sentidas. Analizar así el desarrollo de los acontecimientos indica la ausencia de un crisol más amplio porque de ninguna manera puede obviar el actual mandatario que en su momento las organizaciones independientes denunciaron el fraude que se fraguaba y que una vez consumado éste, mantuvo la denuncia durante toda la gestión de Felipe Calderón a cual conceptualizamos como espuria producto de una imposición.

Si para la actual administración la única manera de luchar por la “transformación” es rendirle pleitesía en cada acto de proselitismo o incorporarse a como masas clientelares, debe saber que en el pueblo existen organizaciones con una forma propia de analizar y conceptualizar el momento histórico concreto. Es la lucha por la superación cualitativa de este régimen oprobioso lo que impulsa nuestros actos y es la plena conciencia de ellos lo que rige la praxis.

¿Por qué sostener que quienes protestan “no quieren la transformación, por eso son conservadores”? ¿Acaso no es conservador tachar de intransigentes a quienes no piensan como él? La crítica es concreta, existe una distancia diametral entre aquellas promesas de campaña y la concreción de ellas ahora que ya está en la cumbre del poder político en México.

Es una mentira descomunal que el presidente sostenga que “ahora que estamos nosotros resulta que se levantan los de extrema izquierda salen muy radicales”, en alusión a quienes le exigen con pancarta, manta y consigna la solución a necesidades muy puntuales. Omite o pretende obviar que durante las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto existieron muestras de descontento de muchas maneras, donde cada uno de ellos respondió con crímenes hasta hoy permanecen impunes.

No puede ser intransigente el rechazo a la construcción de infraestructura con el puntal de la represión, mientras no haya justicia por los ejecutados extrajudicialmente producto del empecinamiento de la imposición de las reformas neoliberales. ¿Acaso desconoce el actual mandatario los nombres de las víctimas de crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos en Morelos con tal de satisfacer el mezquino interés oligarca?

¿A qué pueblo se dirige el actual gobernante? En estas analogías que gusta hacer de la historia de la humanidad, es bueno que responda si su concepto de pueblo es aquel del cual partió el Imperio Romano, donde sólo consideraba como ciudadano a quien poseía bienes. Si son los dueños del capital quienes van a de decidir sobre la construcción de megaproyectos que benefician a una minoría rapaz, hay mucho que cuestionar a las magnánimas consultas.

México necesita romper con la profunda dependencia económica al que lo ata el capital monopolista trasnacional, no sólo debe dejar de importar electricidad, sino también gasolina, ser autosuficiente en el aspecto agroalimentario, pero esta condición únicamente es un sueño guajiro si no se rompe con el sustento material que da vida al modo de producción capitalista, si no se supera las relaciones de explotación económica y opresión política.

Fortalecimiento del Estado policíaco militar es un hecho innegable, hoy se les va a premiar con la administración del nuevo aeropuerto que se construirá en la base militar de Santa Lucía de donde obtendrá una fuente de recursos económicos para la sofisticación del arsenal represivo, en lugar de determinar su exacta responsabilidad en el cometido de crímenes de lesa humanidad en el pasado reciente.

Exhortamos al gobierno federal que el calor de los acontecimientos no lo ofusque en el análisis, que no se deje llevar por el sentimiento con el que acusa a otros que no piensan como él y lo conduzcan por derroteros imprecisos. Si el deseo verdadero es coadyuvar a mejorar las condiciones de vida del pueblo que escuche sus demandas más sentidas, mismas que no sólo se expresan en las consultas, muchas usan la tribuna popular de las calles para hacerse escuchar.

La crítica política de las masas tiene sustento en las condiciones materiales de existencia, en la pobreza y miseria que campea en los hogares proletarios. En la implementación de las reformas neoliberales aún en el sexenio que anunció que pondría fin al neoliberalismo. En los actos de hostigamiento y represión que se cometen a pesar del empeño de la palabra del presidente de la república que prometió no más actos de persecución. Si esta no es la política del actual gobierno, es bueno responder ¿Qué instancia de gobierno continúa con estas prácticas profascistas?

Atentamente
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS

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