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Tinta Socialista. No. 174. La violencia de clase se mantiene contra los trabajadores del campo y la ciudad

Lunes 17 de noviembre de 2025, por Ciudad de México

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Ciudad de México, a 17 de noviembre de 2025

La violencia de clase es real e inocultable, esta se mantiene contra la clase trabajadora. De manera abierta o encubierta se impone en diferentes ámbitos de la vida de los sectores populares que habitan en el campo y la ciudad, se ejecuta con la finalidad de mantener el control de la población; inhibir la organización popular y desmovilizar la lucha del pueblo en la exigencia de solución a sus demandas económicas, políticas y sociales.

El Estado como aparato de dominación de la burguesía sobre el proletariado es quien posee el monopolio de la violencia y la dirige a través de su columna vertebral: el ejército y las diferentes corporaciones policíacas para imponer los designios de la clase que detenta el poder económico y político.

La violencia de clase tiene su origen en el régimen económico y político que impera en determinado momento histórico de la sociedad, en el actual; en el capitalismo; la violencia surge en la explotación del hombre por el hombre; concretamente en las relaciones sociales de producción, las cuales son de explotación, de desigualdad, sometimiento…es en el proceso productivo donde inicia el ciclo de la violencia de clase que se esparce a los diferentes ámbitos de la vida de las masas trabajadoras.

La violencia de clase se ejecuta de dos maneras: de manera abierta y encubierta; la primera se da de manera descarada, cruda contra las masas trabajadoras para que a través del miedo y el terror de Estado se desmovilice e inhiba toda expresión de lucha y de protesta. El cometido de los crímenes de Estado y de lesa humanidad como las desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes, desplazamiento forzado, asesinatos políticos, persecución y encarcelamientos políticos, masacres, ejecuciones sumarias…, son la expresión de esa violencia descarnada.

De manera encubierta, la violencia de Estado pasa desapercibida, en apariencia no existe; mucho menos existe la lucha de clases, pero avanza de manera segura, aquí el cometido de crímenes de lesa humanidad y de Estado se mantienen al alza, pero se ocultan con el discurso de bienestar para el pueblo y con la dictadura de opinión que esconde la realidad que se maquilla con un discurso benevolente que está lejos de ser verídico.

La violencia de clase no solo se expresa en el cometido de crímenes de Estado y de lesa humanidad, sino que su expresión se refleja en la negativa a resolver las demandas más sentidas de los sectores populares, es decir, la falta de vivienda, la pobreza, el desabasto de medicamentos, el rechazo institucional al ingreso de estudiantes a universidades públicas, en la falta de agua potable en las colonias populares, en la negativa a que el pueblo pueda acceder a la cultura…porque se les niega a las masas trabajadoras a salir; no solo de la pobreza material sino de la espiritual, la que no se ve pero que mantiene al pueblo sumido en la ignorancia, el miedo y remacha las cadenas de la explotación económica y opresión política.

En el terreno de las ideas también se muestra esa violencia de clase, porque se impone una realidad a modo para mantener el régimen económico y político que sostiene el poder de unos pocos, en detrimento de las masas trabajadoras. La violencia de clase está presente en todo momento porque se impone un tipo de sujeto acorde a la necesidad del capital monopolista nacional y trasnacional

Sexenio tras sexenio la violencia se ceba contra las masas explotadas y oprimidas porque el capitalismo es un régimen violento que su esencia consiste en degradar la esencia humana y destruir cualquier acto de solidaridad entre seres de la misma condición social.

La retórica del gobierno actual de que existe tal o cual persona generadora de la violencia cae en un discurso simplista y reaccionario porque la violencia surge a partir de la estructura económica que violenta el desarrollo íntegro del ser humano para esclavizarlo a una condición de vida que agrede su dignidad como humano, lo cosifica y lo degrada a una mercancía que en el proceso productivo se puede desechar sin mayor aspaviento.

La violencia de clase, es real, existe y tiene la intensión de anular la capacidad creativa del ser humano para que se adapte de manera pasiva a los acontecimientos que día a día deja víctimas entre la clase trabajadora, en ocasiones se presenta de manera descarnada y abierta como en el periodo de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, gobiernos en los que se utilizó el terrorismo de Estado como política de gobierno y dejó a su paso innumerables victimas de la desaparición forzada, ejecución extrajudicial y desplazamiento forzado.

De manera encubierta se expresa “sin la responsabilidad del gobierno”, es decir, se impone por medio de grupos de paramilitares o de choque un clima de violencia en el que de manera sistemática y generalizada se comete una serie de asesinatos y desapariciones forzadas. Con la aquiescencia del Estado se protege y respalda el cometido de estos para justificar el despliegue de las fuerzas castrenses “para la seguridad del pueblo”.

Con el pretexto de la inseguridad en el país se despliega la militarización de la vida pública del país, con la que nuevamente se cometen las graves violaciones a los derechos humanos contra el pueblo trabajador, no es que con ese tipo de violencia baje el índice de desapariciones forzadas o ejecuciones extrajudiciales, más bien el vínculo entre Estado y grupos de “Narcotráfico” o “delincuencia organizada” es más difícil de comprobar.

El circulo de violencia no termina porque la esencia del fenómeno no ha sido trastocado. No es violencia a secas lo que vivimos los trabajadores del campo y la ciudad, sino violencia de clase, la que utiliza la burguesía contra la clase trabajadora para someter a sangre y fuego el cuestionamiento del pueblo a la política de gobierno que se dirige en detrimento de los sectores populares.

En los planes económicos de cada gobierno queda expresado la violencia de clase que se ceba contra los diferentes sectores populares, ningún gobierno ha asegurado que el pueblo pueda acceder al derecho a la salud de manera íntegra, tampoco a que los niños y jóvenes puedan adquirir cultura general para un desarrollo pleno de su personalidad, mucho menos, existe educación de calidad en la que sus capacidades físicas e intelectuales les permita enfrentar los cambios que se presentan en la sociedad. La atención a los diferentes sectores populares nada tiene que ver con la apertura de programas asistenciales, estos solo generan parasitismo social que anula la capacidad transformadora del hombre como ser genérico.

Si la jefa de Estado condena la violencia ¿porque no trastoca el régimen actual que genera la violencia de clase contra las masas trabajadoras? Porque su gobierno al igual que en sexenios pasados no es del pueblo ni para el pueblo, de lo contrario no lo mantendría intacto para beneficio de unos cuantos.

Si la violencia de clase persiste, es real e inocultable ¿Cuál es la solución que debemos enarbolar los explotados y oprimidos? Sin duda es la organización del pueblo, la cual debe ser de carácter independiente, porque de esta manera se asegurará que los hombres y mujeres que se organizan y luchan por concretar los intereses populares se pertrechen de principios políticos organizativos que los guiara en teoría y práctica para hacer posible la superación del régimen de explotación económica y opresión política.

La alternativa viable y justa para quienes solo poseemos nuestra fuerza de trabajo sin duda es la organización que desde sus cimientos tenga claro que es el pueblo el que puede transformar las condiciones oprobiosas que genera el régimen actual. A través de la organización de manera consciente, libre y voluntaria se puede superar el régimen actual que genera injusticia social, por lo que, el pueblo debe dirigir y planificar las acciones políticas de masas en función de dar golpes certeros al del régimen de explotación y opresión.

No es con actos catárticos, emotivos ni de desfogue como se hará frente a la violencia de clase ni a las condiciones oprobiosas que genera el régimen, sino con acciones políticas de masas coordinadas, dirigidas y planificadas en función de lograr la emancipación popular.

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo

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