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ANÁLISIS. Violencia y cultura de la paz
Domingo 20 de julio de 2025, por
Michoacán, a 20 de julio de 2025
El pasado 9 de julio el régimen celebró el Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego y el programa ‘Sí al Desarme, Sí a la Paz’, donde la presidente de la república, Claudia Sheinbaum Pardo invitó a los mexicanos a “atender las causas que generan la violencia en todos lados: en las familias, en la comunidad, en las colonias, en nuestro país entero.”, así como a “Abrazar la bandera de la paz”. Tal discurso emana de la agenda oligarca (Agenda 2030) que abraza la actual administración para promover la cultura de la paz que no es otra cosa que pacifismo burgués que se objetiva en medidas de carácter contrainsurgente para profundizar en la opresión de los oprimidos y explotados.
La presidente plantea un discurso reaccionario donde expone que las causas de la violencia se encuentran en el seno del pueblo, o sea, que los oprimidos y explotados somos los responsables de la actual violencia que vivimos actualmente en nuestro país, negando así la existencia de la violencia de Estado.
En lo general, la violencia siempre ha estado presente tanto en la naturaleza y la sociedad, el actual sistema capitalista en nuestro país es producto de la lucha de clases que se materializó en una revolución popular que, tras el asesinato de los revolucionarios Emiliano Zapata y Francisco Villa, culminó en una revolución democrático-burguesa que permitió a la actual burguesía tomar el poder político. Desde este momento la violencia ha sido utilizada para sostener el presente régimen de explotación y opresión, donde la represión y el cometido de crímenes de lesa humanidad figuran como principal instrumento para mantener el status quo burgués.
Desde el régimen se ejerce una violencia reaccionaria que hasta el momento ha resultado en resultado en cientos de miles de detenidos desaparecidos, desplazamientos forzados, ejecuciones extrajudiciales, presos y perseguidos políticos, asesinatos, etc., donde sus ejecutores son las fuerzas armadas, las corporaciones policiacas, los grupos paramilitares (bajo aquiescencia, omisión o complicidad del Estado) y los órganos inquisidores dentro del Poder Judicial. En fin, dicha violencia emana del Estado Burgués Mexicano y su Estado de Derecho Oligárquico.
Bajo la crisis económica y política que presenta el régimen, la necesidad de ejercer mayor violencia contra el pueblo aumenta en medida que se busca ahogar toda expresión de protesta y descontento popular. Por lo que todas estas campañas “pacifistas” son parte de los planes contrainsurgentes para obligar al pueblo a renunciar a su inalienable derecho a luchar por mejorar sus condiciones de vida. Tal programa es parte de la Agenda 2030 que en su objetivo 4.7 ordena promover la “cultura de la paz” y en el objetivo16 mandata fortalecer el Estado de Derecho Oligárquico y las instituciones burguesas. El cómo se ejecutan estas metas lo observamos en el fortalecimiento del Estado Policiaco-Militar a través de la militarización de la Guardia Nacional, el aumento de las capacidades de inteligencia y espionaje por medio de reformas profascistas como la Ley de Telecomunicaciones, la Ley de Inteligencia y la implementación de la CURP biométrica; la imposición de juzgadores de consigna a modo a través de la reforma al Poder Judicial y otras medidas que lejos de promover la paz, legalizan la represión y las violaciones a los derechos humanos, así como intensifican la violencia de Estado.
Mientras se invita a la población a conducirse mediante la paz, ésta es víctima de la violencia en sus diferentes formas, entre ellas, la criminalización de la protesta y el descontento popular, donde, desde la óptica gubernamental, el pueblo en lucha siempre es un generador de violencia, aun cuando esta inicie cuando desde el Estado se niega la solución a las demandas populares y se castiga con cárcel a toda voz crítica. De esta manera, los llamados a la paz resultan ser un discurso demagógico cuyo fin es promover la sumisión ante el régimen y negar el derecho a la protesta y manifestación.
La postura “pacifista” de la actual administración es hipócrita, pues mientras se pretende mantener el pueblo inerme y sometido, los ríos de sangre corren a lo largo y ancho de todo el país. Ante la violencia de Estado estamos obligados a fortalecer los organismos de lucha del pueblo y conducir todas las luchas hacia el socialismo.
Atentamente:
¡Por la Unidad Obrera, Campesina, Indígena y Popular!
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo
FNLS
Frente Nacional de Lucha por el Socialismo